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DISCURSO DE GRADUACIÓN DE LA ESCUELA DE INGENIERÍA DE LA U.F.R.J. - 1970

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 30 jun
  • 11 min de lectura

Señores Profesores, a ustedes que nos transmitieron lo que sabían, que fueron nuestros segundos padres, desde el día en que entramos al jardín de infancia y nos aguantaron por primera vez, que nos enseñaron a leer, a escribir, a sumar, a multiplicar, pasando por la escuela secundaria, cuya profesora o profesor de portugués nos perdonará los errores que cometamos, o el profesor de física por las leyes que olvidemos durante nuestra carrera, y hasta aquellos que nos transmitieron su experiencia profesional y de quienes ahora somos colegas y competidores: somos agradecidos y reconocidos.

A nuestros parientes y amigos con quienes convivimos todos estos años y que siempre nos estimularon a vencer: nuestra amistad.

A nuestras esposas, novias y enamoradas, que supieron aguantar nuestras “trasnochadas” estudiando para pruebas, siempre ayudándonos e incentivándonos: nuestro amor.

A nuestros padres, que nos dieron la vida y la voluntad de vencer, haciendo posible que todo esto se realizara, muchas veces con el sacrificio de su bienestar o incluso de su salud, diríamos apenas que: somos sus hijos y habremos dicho todo. pausa

Y a ustedes, que aquí están, les vamos a contar lo que fueron cinco años de escuela de ingeniería: de 1966 a 1970, y hacer un balance de eso.

Durante cinco años ganamos, perdimos, luchamos.

Hoy, deberíamos estar listos para participar en el desarrollo de Brasil. Pero no sabemos si podremos hacerlo, aunque a muchos les parezca que sí. Como máximo, conseguiremos hacerlo continuar marcando el paso, acompañando su crecimiento poblacional, manteniendo la distancia de las otras naciones, porque

NOS INFORMARON, PERO NO NOS FORMARON (pausa)

Nos enseñaron a integrar esta o aquella ecuación, a calcular esta o aquella losa, a especificar este o aquel motor, a estudiar en libros extranjeros, a ejecutar, hasta a improvisar, pero no a crear, no a inventar. ¿Por qué?

La mayoría de nuestras industrias y firmas de ingeniería son controladas por grupos extranjeros. Se argumenta que ellas dan una importante contribución a nuestro progreso económico, que llevaría mucho más tiempo acelerar el proceso de industrialización.

Lo que nos aflige es la relación entre esos grupos, la profesión del ingeniero y del investigador, e incluso nuestra posición de NACIÓN. La investigación pura y aplicada de esas organizaciones es realizada en sus países de origen.

En consecuencia, aquí, esas compañías no están muy interesadas en los institutos locales de enseñanza e investigación, a no ser en la medida en que a través de ellos puedan descubrir a aquellos de mente más privilegiada para llevarlos a sus matrices, de forma que todo lo nuevo surja por allá y nosotros quedemos siempre en la dependencia del pago de royalties, remesa de ganancias, asistencia técnica, etc., etc.

Podrán además interesarse por nuestro sistema educativo en el sentido de obtener técnicos e ingenieros para operar sus fábricas locales. De ahí los temores de algunos cuando se crearon los cursos de “ingeniería operacional”, y cuando se habla de transformar las escuelas públicas en fundaciones.

Es importante que se preste atención a esa faceta de los programas de traer tecnología y capitales extranjeros en gran cantidad, pues incluso los grupos nacionales, con las facilidades existentes, prefieren comprar conocimiento y tecnología importados. ¡Listos! En vez de invertir en equipos de ingenieros e investigadores, de modo de obtener mayores ganancias, en el menor tiempo posible.

Los ingenieros brasileños se resienten de eso, y los colegas aquí presentes saben muy bien de los salarios que nos son ofrecidos para adaptar o desarrollar proyectos extranjeros, estos sí muy bien pagados.

Estamos, a decir verdad, frente a un nuevo tipo de DEPENDENCIA COLONIAL.

Los argumentos de que las firmas extranjeras ya experimentaron, y que no se va a reinventar la rueda, etc., etc., no proceden, pues sería la negación de los principios de investigación científica, base de la prosperidad de los pueblos ahora más desarrollados, que son la sede de esas firmas.

A la campaña de defensa de la ingeniería nacional, promovida por el Club de Ingeniería, respondieron los consorcios de firmas extranjeras con nacionales, y otras formas legales de testaferros que por ahí surgen por decenas, permitidas por la legislación que apenas toma en cuenta lo que entra, olvidándose de lo que sale y de lo que deja de surgir aquí.

Estamos siendo lanzados a un juego de cartas marcadas, inocentemente, muchos de nosotros pensando que todo eso no existe, muchos de nosotros ni importándonos si existe o no, pues las palafitas de Nova Holanda no alcanzaron al Fundão en estos cinco años, aunque hayan avanzado mar adentro 500 metros. (pausa)

NOS INFORMARON, PERO NO NOS FORMARON (pausa).

Somos, de manera general, acomodados, cada uno queriendo subir individualmente, sin una conciencia de clase, sin confiar unos en otros, sin unión. Algunos incluso con vergüenza de haber tenido más éxito que otros, curiosamente quieren o creen más fácil nivelar por abajo. Para hablar claro, poco nos conocemos.

Fuimos orientados de forma que no pudiéramos incomodar ni interferir en los deseos de los dueños de la verdad y de la escuela. Escuela que nunca estimuló la amistad o el compañerismo, ni entre alumnos, ni entre profesores, ni entre alumnos y profesores. La mayoría ni sabe quiénes fueron los directores de la escuela, aunque su diploma vaya firmado por ellos. Así es más fácil dirigir una escuela: con todos divididos.

Cuando nos unimos para solicitar el cambio de un profesor por uno mejor, o la adopción de un libro de texto, a causa de la obsolescencia de los apuntes, muchos de ellos de la década de 1930, fuimos combatidos con mano de hierro, y hasta tuvimos oportunidad de ser llamados muchachos insolentes. La formación de algunos grupos dentro de las clases surgía más como necesidad de supervivencia que por compañerismo. Lo que presentimos es que vamos al mercado queriendo uno derribar al otro, y negar eso sería hipocresía.

En fin, fuimos formados sin formación, y quien más va a sufrir será, una vez más, Brasil, ya que dispersos y sin unión estaremos fácilmente a merced de cualquiera.

Nuestra escuela no es un caso aparte. Todas las otras, admitan o no sus alumnos y profesores, son quizá hasta peores, y la nuestra, podemos afirmarlo con certeza, todavía es la que proporciona mejor base técnica.

Se puede intentar justificar la directriz adoptada, alegando que había ciertos grupos actuando en nuestro medio, pero es justamente ahí donde estaba la gran lección. Las ideas y las acciones de esos elementos deberían ser combatidas por nosotros mismos, que éramos los perjudicados, o entonces no seríamos dignos de reclamar. Eran ellos quienes iban a despertarnos de este acomodamiento, de este miedo, de este dejarlo-para-allá…

No podemos decir que tuvimos una formación escolar democrática, pues lo que caracteriza a la democracia no es la ausencia de conflictos, sino la solución de conflictos dentro de valores racionales y humanos.

La democracia es el orden sin necesidad de autoridad, un régimen que desagrada tanto a los extremistas de un lado como a los del otro.

Si cada uno define democracia como le conviene, y en su nombre son realizados todos los progresos y crímenes posibles, y si democracia no puede ser definida con claridad, puede por lo menos tener sus elementos esenciales identificados.

Esos elementos son la representatividad del poder, la libertad de expresión y de prensa, la libertad de creación artística y el respeto a leyes más o menos permanentes, en las que las personas puedan basarse para actuar.

Y el hombre común es tan sensible a esas verdades simples que, si no sabe lo que es democracia, sabe muy bien lo que ella no es. Por eso les causa gracia cuando los periódicos anuncian pomposas declaraciones del Kremlin, mencionando la palabra “democracia”.

¿Por qué les causa gracia? Porque nadie puede considerar demócratas regímenes que encarcelan sin defensa, que censuran hasta la producción científica, que condicionan la creación artística al gusto dudoso de media docena de burócratas. Es verdad que los soviéticos actuaron de esa manera en nombre del progreso económico y del desarrollo.

Como no somos comunistas, preferimos la pobreza en una democracia a la alardeada prosperidad bajo la opresión, así como la libertad es preferible a la esclavitud. Es necesario ser un demócrata para comprender y aceptar eso.

Pero, como dijimos, si no tuvimos una formación democrática, ¿cómo podremos ser sus defensores? Si no conocemos sus puntos débiles, ¿cómo podremos ayudarla a sobrevivir? Algo está mal.

Parodiando a la Agencia Nacional, diríamos que “la seguridad depende de la confianza que cada uno tiene en los otros y EN SÍ”. Tal vez falte un poco de confianza de los que se dicen demócratas, en la democracia, o entonces no lo son.

Y hay muchos que realmente no lo son, que se aprovechan de cualquier hecho o acción de minorías desesperadas para probar por A + B que es necesario endurecer el régimen.

Pero el Estado no puede comportarse como aquellos a quienes pretende destruir o controlar en nombre de la democracia. La causa terrorista está condenada, porque no encuentra ninguna receptividad en el pueblo. No hay razón alguna que justifique la represión indiscriminada a griegos y troyanos, ni siquiera la brutalidad de los actos terroristas.

No ha de ser la locura y la desesperación de una banda de fanáticos, al margen de la razón, el pretexto para apartar a Brasil del camino de la democracia y alienar aún más al pueblo del proceso de elección y formación de su destino.

Brasil necesita restaurar la confianza en sus instituciones y en sí mismo. Pertenecemos a un mismo pueblo, los de abajo y los de arriba, gobernados y gobernantes.

Autoridades que eventualmente se encuentran en el mando siempre cometieron, cometen y cometerán errores. ¡OK! Pero parece que cambian los personajes, se invierten las posiciones y todo continúa igual. Se hablaba mucho de combatir la corrupción y la subversión. Hoy, solo se habla de subversión.

¿Será que nadie más es corrupto? ¿Cuántos bienes fueron confiscados? ¿Será que a aquellos que son los más dispuestos a corregir desvíos les son presentados tantos subversivos, que se quedan sin tiempo para cuidar de los corruptos? Corruptos que, salvo algunos pocos engaños, son los mismos de todos los gobiernos. ¿Dónde están los cambios en el poder judicial?

Cuando se den cuenta, los corruptores ya habrán corrompido todo a su alrededor, y ellos se quedarán con sus subversivos, viendo la inutilidad del trabajo que tuvieron.

¿Por qué decir eso? Porque creemos que la única forma de progreso de una nación es la unión, la participación colectiva en todos los actos, y porque sentimos falta de una instrucción en ese sentido.

Alguien dijo algo como “solo quien, por la educación y por la escuela, aprende a conocer su país, puede adquirir aquel orgullo íntimo de pertenecer a su pueblo, de luchar por su patria, pues solo se puede luchar por lo que se ama, solo se puede amar lo que se respeta y respetar lo que se conoce”. Tiene sentido.

Tal vez incluso por la conciencia de que falta ese conocimiento de Brasil en lo que tiene de bueno y de malo, es que algunos intentan imponernos una “brasilidad” semejante a una hinchada de equipo de fútbol, con frases hechas, y una tentativa de uniformización de mentes, en los términos del “ámalo o déjalo”.

¿Cómo vamos a admitir que la condición de brasileño, o el amor a la patria, queden en dependencia de una concordancia de ideas, o de una conformidad de puntos de vista? El privilegio de todos los brasileños es exactamente el de amar a su país, por encima y más allá de las divergencias de opinión.

Esos pretendidos patriotas, en verdad, son hinchas de Brasil, del tipo que marca pronóstico triple o hasta en contra, cuando su equipo no va bien, y de hincha a brasileño hay una gran distancia.

Tan grande que ni se dan cuenta.

Son esos algunos de los problemas que surgen a nuestro alrededor, porque no son integrados representantes de todas las clases, categorías e intereses en el proceso decisorio de nuestros destinos, sino apenas algunos grupos más organizados.

Tal vez incluso porque otros, como el nuestro de ingenieros, no fueron preparados para eso. No sabemos si deliberadamente o no,

NOS INFORMARON, PERO NO NOS FORMARON (pausa).

Alguien preguntará: “¿dónde está la solución?” ¿Ustedes no la señalan?

Pregunta cómoda, pues es la usada contra cualquier tipo de crítica por los que se sienten responsables o conniventes.

Podemos decir apenas que no tuvimos formación suficiente para responder, y que ni los de otras generaciones que pretenden saberlo todo tuvieron esa formación; solo que les cuesta reconocerlo.

Entretanto, podemos decir que, si no sabemos exactamente qué hacer, sabemos muy bien qué no hacer.

Diríamos también que tenemos fe.

Que tenemos fe en que más temprano o más tarde los profesores tendrán salarios dignos, que les permitan una dedicación real a la escuela. Que tenemos fe en que los pagos no se retrasen, a veces hasta diez meses. Que tenemos fe en que los honorarios proporcionales al tiempo dedicado a la escuela dejen de ser promesas demagógicas y pasen a ser una realidad que permita formar un cuerpo de profesores, pues hoy lo que tenemos son algunos idealistas que sacrifican su tiempo de trabajo para transmitirnos conocimientos y que no necesitan la escuela para nada, pues ya tienen suficiente renombre para que la escuela se interese en decir que ellos enseñan aquí.

Tenemos también una mayoría del tipo que se interesa apenas por decir que enseña en la “escuela de ingeniería”.

Es necesario que el magisterio superior atraiga también a los competentes que no pueden darse el lujo de dedicarse a algo que no les paga, por una razón u otra, y normalmente razones de orden económico.

Y, cuando se crea una mentalidad libre de deseos y vanidades personales, con estructuras administrativas independientes y autónomas, sin vitaliciedad de cargos, admisión de profesores por concurso y no por padrinazgo o simpatías personales, en fin, una mentalidad realmente honesta y orientada hacia la enseñanza, es que la escuela superior podrá decir que está formada, y entonces podrá, realmente, formar.

Ese día, aceleraremos nuestro paso y tendremos condiciones de intentar alcanzar un mejor lugar entre las naciones. Pero será necesario que seamos muy honestos, y muy brasileños para conseguir hacerlo, pues innegablemente vivimos en un mundo de intereses mezquinos, y muchos de ellos serán contrariados. Y las cosas andan tan confusas que a veces confundimos nuestros intereses con los que no son nuestros, presionados por una propaganda que no es nuestra.

Se habló mucho de la conveniencia o no de un discurso político, de una toma de posición: que no habría condiciones, que no sería conveniente, que no sería permitido, que sería temerario.

Argumento mezquino o cobarde, de los que desconfían de todo lo que no sea de su grupo, o sea conocido, seguro, inmutable. No huimos al deber de defender nuestra opinión y llamar la atención sobre aquello que juzgamos correcto o equivocado, porque, a pesar de todo, tenemos fe en nosotros mismos.

Perseveramos, prevalecimos, y estamos aquí.

Muchas gracias por la atención.


Esta promoción fue la primera promoción integralmente formada en la isla del Fundão, inició en mar1966 con exactamente 400 alumnos egresados del examen de ingreso, distribuidos en 4 grupos de 100 alumnos, dos por la mañana y dos por la tarde. A partir del 3er año se dividió en Civil, Electricidad, Electrónica, Mecánica y Naval. La ceremonia de graduación no era obligatoria y participaron cerca de 280 colegas de los cerca de 375 graduados.


Nota escrita en 2010 para el “sitio” de la promoción EEUFRJ1970:

Por causa de este texto, fijado en el cuadro de avisos unos 30 días antes de la graduación para que los colegas comentaran (prácticamente no hubo comentarios), fui “invitado” a “comparecer” al DOPS (Departamento de Orden Político y Social) durante tres días, donde intentaron disuadirme de leer este discurso, sugiriendo que se hiciera otro texto, protocolar.

La situación era tan tensa que este texto fue considerado “subversivo”.

Terminaron por dejarme leerlo sin modificaciones, con la información entre dientes: no va a salir en ningún órgano de la prensa. Y no salió mismo, ni una notita.

Aquel año también fuimos la única promoción, tal vez en Brasil, en tener graduación “fuera del edificio de la escuela”. Cuando se dieron cuenta, ya teníamos reserva en el Teatro Municipal, ya divulgada y aprobada por la dirección de la escuela, lo que ayudó.

Si no me falla la memoria, se llamaba Delegado Gastão Fernandez (originario de Pernambuco) el jefazo del DOPS-Río en esa época y perdió una mañana conmigo por cuenta de este “importante” discurso, mientras a cada rato era interrumpido porque el embajador estadounidense (¿o sería el suizo?) estaba secuestrado por las “izquierdas”.

Como yo era “lacerdista” (tal vez todavía lo sea) y Carlos Lacerda había sido revocado hacía poco, con divisiones en el área ideológica del gobierno, quedaba difícil clasificarme como “subversivo comunista”, lo que me hizo pensar que ese Gastão era lacerdista, pues llegamos a tener un diálogo medio agridulce sobre las diferencias entre militares y comunistas (si es que las hay) y quiénes eran los demócratas.


Leído el 27dic1970, a las 16 hs, en el Teatro Municipal de Río de Janeiro
(y fue el autor del texto, escrito en una noche de nov1970)
Miguel Fernández y Fernández, orador, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # R2026janRf, 16.527 caracteres
 
 
 

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