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El télex del Banco Central

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 6 jul
  • 4 min de lectura

En 1967 Río de Janeiro todavía era, de hecho, la capital de Brasil, aunque de derecho Brasilia ya lo fuera desde 1960. La federación se estaba reestructurando y se había recién creado el BC - Banco Central de Brasil en sustitución de la hasta entonces SUMOC - Superintendencia de la Moneda y del Crédito (que englobaba la Casa de Moneda).

La primera sede del BC fue el edificio de la Av. Pres. Vargas 84, en la esquina norte con la rua 1º de Março, en el centro de Río (Candelária), donde, entre otras, se instaló la DIMAP, División de Material y Patrimonio (burócrata adora siglas). Esa DIMAP era importante pues necesitaba implantar, desde las máquinas para acuñar monedas e imprimir billetes, pasando por las chapas para hacer las monedas, el papel y las tintas especiales, los impresos del día a día, las sillas y mesas, las lámparas, los aparatos de aire acondicionado, los ventiladores, las máquinas de escribir, los coches (burócratas adoran un lujo y se creen una casta aparte), jabón y papel higiénico, adquisición y reformas de edificios, en fin, todo.

Pero no era solo eso, la DIMAP también cuidaba del personal tercerizado, contratado para la limpieza, los servicios generales (cafecito, mensajeros y choferes) y cuidar de la seguridad con vigilantes armados y no armados, para los edificios, para la guarda y el transporte de dinero vivo y para guardaespaldas de directores, sin lo cual no se sentían poderosos.

Fue en esa época que comenzaron a aparecer las máquinas de escribir y de calcular eléctricas, los aparatos de fax, las comunicaciones por ondas, por antenas y por satélites, hasta entonces dominio exclusivo de los hilos, tuvieron una gran evolución, o sea, los avances en la electrónica comenzaban a dominar las transmisiones de datos y correspondencias, hasta entonces dominio de los hilos de telégrafo y de los correos físicos (las cartas).

El reclutamiento y entrenamiento de personal, que ya era un problema en sí por la grandeza de la cosa, pasó a ser un problema mayor por las novedades casi diarias aportadas por las IBM, las Burroughs, las Olivettis, las Remingtons, las Panassonics (japoneses llegando), las FACIT, las Siemens y otras que no recuerdo).

Pero la llegada de los TELEX marcó época. Era una máquina de escribir eléctrica comandada a distancia, con una cintita perforada que grababa todo y podía escribir todo de nuevo. Rápidamente separaron la impresora del teclado y el papel podía ser una tira de 100 m, llamada formulario continuo, picotado donde se cortaban las páginas. O hoja por hoja. Hasta dibujos A3 era posible hacer usando programación y analogías. El Presidente estaba en Brasilia y su carta o acta de reunión era impresa en cualquier lugar del mundo donde hubiera una máquina similar (con el mismo código operacional). Al inicio una IBM solo hablaba con una IBM y por ahí iba, pero rápidamente alguien puso orden en el barraco y estandarizaron.

Como las máquinas eran caras, crearon las salas de telex, donde se concentraban transmisiones y recibimientos, optimizando el uso del equipo disponible. Esas salas eran prácticamente acuarios vidriados exhibidos a los visitantes como estado-del-arte en tecnología e importancia, donde se trabajaba en verdadero frenesí, porque hasta lo que no necesitaba pasar por allí, pasó a pasar, ya que los jefecitos de cualquier cosa creían que daba prestigio. En ese edificio de la Av. Pres. Vargas 84, un “acuario de telex” fue montado en la planta baja, al fondo del hall de los elevadores, para que todos vieran.

El edificio cerraba diariamente a las 22 h y, por motivos de seguridad, solo abría al día siguiente a las 06 horas, cuando el turno de la vigilancia armada relevaba al anterior. En los fines de semana había una rotación cada ocho horas. Esa rutina seguía sin percances, hasta que, un lunes, a las 6 horas de la mañana, la guardia que estaba dentro no apareció para ser relevada por el equipo del turno que llegaba. Fueron llamados los bomberos, la policía, ambulancias, etc., para forzar la puerta y ver qué había pasado con los dos seguridades que habían hecho el turno del domingo al lunes. Eran dos funcionarios, uno recién contratado y otro más experimentado. ¿Qué habría ocurrido? Cuando el edificio fue invadido por el equipo de rescate, se notó que había habido un tiroteo en la sala del telex de la planta baja, con los vidrios del “acuario” destruidos y balas incrustadas por todos lados. La “toma” del edificio fue cinematográfica, piso por piso, hasta el último piso, la presidencia.

Felizmente los dos “vigilantes-seguridades” estaban allí, vivos y sin heridas, encerrados en la sala del presidente, aterrados, sin saber qué hacer. Les cupo a Diniz y a Benoliel, de la DIMAP, conducir la investigación.

Parece que después del cambio de guardia, el vigilante más viejo resolvió echarse una siesta allá arriba. El vigilante más joven, recién llegado de Feira de Santana, con diversos cursos de tiro y de jerarquías, además de muchas creencias en el más allá, oyó a alguien mecanografiando y fue a averiguar quién se habría quedado escondido, probablemente para hacer algún servicio particular, trabajando a medianoche en aquel silencio, creyendo que nadie lo iba a notar. Viendo las teclas moverse sin nadie, concluyó que era un fantasma (los telex de Olivetti realmente daban esa impresión) y, no tuvo dudas, descargó toda la munición que tenía hasta que el telex paró y fue a despertar al compañero. Cuando concluyeron lo que había ocurrido, quedaron con vergüenza de presentarse al público.

La empresa de seguridad fue descredenciada por RR. HH. inadecuado en la selección y en el entrenamiento. La DIMAP tuvo que comprar otros cuatro telex. La vida sigue.


Nota para registro: trabajé en la DIMAP del BC de mediados de 66 a mediados de 1969 como funcionario público concursado. Pedí dimisión para ser pasante de ingeniería en MontrealEngenharia.

Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito entre 2013/2023jun25 R2026janRa, 5.330 caracteres



 
 
 

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