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Lógica Profesional

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 2 jul
  • 3 min de lectura

Era una linda noche de sábado allá por 1964, en un mes de septiembre en Maceió, y la familia de don Jorge y doña Marieta fue toda a una “fiesta de debutantes” en el famoso club Fenix, donde se reunía la aristocracia local. La fiesta fue un éxito.

Las muchachas que cumplían 15 años aquel año, los padres, los abuelos, primos, amigos, toda la familia, los pretendientes, la flor y nata de la sociedad alagoana presente. Comidas-y-bebidas abundantes y de óptima calidad. Música de primera, por una famosa banda-orquesta de Salvador. El “crooner” era Orlandivo, de Río de Janeiro.

Las “fiestas de debutantes” servían para que los padres mostraran sus hijas a la sociedad y se sobreentendía que, a partir de allí, cuando bailaban el vals, cada una con su padre, pasaban a ser candidatas a comprometerse y casarse, conforme a las costumbres de entonces.

Se quedaron hasta que acabó la música, es decir, llegaron tarde y fueron todos a dormir, una pareja de abuelos, los(as) primos(as) del interior, las dos hijas, los dos hijos, padre, madre y espíritus santos. Durmieron profundamente.

Se despertaron el domingo, por ahí a las 9h00, bastante más tarde de lo acostumbrado. Conforme había quedado combinado con las empleadas de la casa, el desayuno sería servido a las 09h30. Entonces, a las 09h30 estaban casi todos en el comedor para el “desayuno” en familia cuando se oyó un grito de doña Marieta, viniendo del cuarto de los padres.

Todos acudieron a ver qué sería, y d. Marieta no paraba de gritar: “¡Fuimos robados, fuimos robados!”

A esa altura, la familia empezó a darse cuenta de lo ocurrido, y pasaron a lamentarse también: “¡se llevaron todo!”

En efecto, al llegar de la fiesta, habían quitado sus anillos, pendientes, broches, cadenas, pulseras, relojes, carteras con dinero, en fin, todos los oros desaparecieron, incluso los 38 de don Jorge y el del hermano del interior, que dormían en la mesita de noche de Jorge y en la del cuarto de huéspedes. Hasta las alianzas de los casados se fueron. ¡Desastre completo!

En 1964, poquísimos tenían aire acondicionado, era ventilador de techo, ¡y gracias!

Algún ladrón había entrado por la ventana y se había llevado todo. ¡Mucha osadía, con todos en casa!

Don Jorge fue a la comisaría, registró la denuncia y la vida siguió.

Pasaron unos 45 días y el delegado mandó llamar a don Jorge, que fue acompañado de un hijo que estudiaba medicina, Álvaro.

Llegando allá, el delegado les mostró unos relojes y unas joyas, para eventual identificación, si algunos serían de ellos. ¡Bingo! Entre lo que les fue mostrado, reconocieron algunos.

Fue suficiente para que el delegado mandara traer todo lo que había sido recuperado, los hijos de Jorge, la suegra y el suegro, el hermano del interior, cada uno Después del robo, la policía quedó de vigilancia en el receptador de aquel tipo de mercadería. Cuando el ladrón creyó que ya había pasado mucho tiempo, fue allá. Los espías percibieron algo, juntaron una cosa con otra y listo.

Cuando ya iban saliendo de la comisaría, don Jorge le pidió al delegado ver al ladrón.

El delegado, que era amigo de infancia de Jorge, mandó traer al preso esposado a su sala, con Jorge y el hijo Álvaro junto.

Y Jorge resolvió darle una bronca al ladrón:

_ Usted me faltó el respeto, entró en mi casa conmigo allí, me humilló ante mis hijos, mi familia, ¿por qué no robó cuando yo no estuviera, desgraciado?

Y el ladrón:

_ Señor doctor, soy ladrón pero no soy burro, hice lo que tenía que hacerse, al final de las fiestas, todos duermen profundamente y dejan todo para guardar en la caja fuerte al día siguiente. Es solo pasar y recoger. Usted disculpe ahí, pero no quise ofender a nadie.


Caso real, oído de la querida alagoana, amiga y colega, ingeniera Vera Maria Costa Cansanção en 1987, en Río de Janeiro.


Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # 1987 Rb, 3.530 caracteres
 
 
 

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