MASAS, 1964, 2º semestre, A Forja
- Miguel Fernández

- 3 jul
- 4 min de lectura
Las personas van llegando dentro de latas convencionalmente llamadas coches.
Llega un punto en que los coches dejan de ser coches y pasan a formar un
embotellamiento. Entonces las personas salen de los coches y convergen hacia la entrada, y dejan de ser personas y pasan a ser "masa".
Esa masa se aglomera en los portones de la masa de cemento llamada Maracanã.
Antes del portón hay una masita compuesta por personas que marcaron encuentro con conocidos alrededor de la estatua llamada del Belini, sin prever que otros tendrían la misma idea, lo que hacía los encuentros un tanto difíciles. Pero, después de aplastar un paquete vacío de cigarrillos, y cansados de esperar a los conocidos, resolvimos entrar.
En los molinetes es un aplastamiento completo, un perfecto masaje, que contó
con toda nuestra colaboración, teniendo en vista la masa femenina delante de nosotros.
Pasado el molinete, y habiendo sido llamado de graciosito por la distinguida de adelante, seguimos con los amigos, y no con la susodicha, lo que no dejó de molestar con el susodicho afuera.
Allá arriba, extendemos nuestra mirada por las gradas, y notamos
contrariados que los laterales ya están ocupados por la masa, (excepto la tribuna de
honor, que no es para las masas sino para los panaderos) y vamos a colocarnos detrás
de un arco, aguardando el partido.
Pero como es mucha gente sin hacer nada, luego surgen algunos pasatiempos,
como por ejemplo, soltar unos negocios que parecen globos de cumpleaños, pero no
deben serlo, vista la gran resistencia, y que todo el mundo va dando un golpecito, hasta
dar la vuelta al estadio. De vez en cuando, aparece un pesado, que en vez de dar el
golpecito, sostiene la pelota, y como nadie quiere darle bola a un hombre, la masa se
levanta indignada y el "tipo" suelta la pelota, vencido por la "aplastante" mayoría, y
antes de que se lleve una "garrotada" de algún negro, pues negro cuando va al partido es para ver a Brasil ganar y dar "garrotadas" a los otros.
Finalmente, entran los equipos al campo, naturalmente con media hora de retraso,
pues si el inglés es puntual, el brasileño que se respeta no hace hoy lo que puede dejar
para mañana.
Para mejores aclaraciones; el partido era Brasil x Inglaterra, y así no
necesitamos contar lo que ocurrió durante el partido, si usted lo vio muy bien, si no lo vio mala suerte.
Por ahí a cierta altura, cuando la cosa parecía que se iba a poner dura, en cada ataque de Brasil todo el mundo se levantaba, y era aquella escena: - ¡Siéntate! - ¡Siéntate! ¡Es tuya!, etc., cuando Brasil perdía la pelota, todo el mundo se sentaba, y nadie había visto nada, por cierto no sabemos cómo es que el personal sabía que el peligro había pasado y se sentaba.
Después el partido fue "facilito", no hay nada especial que narrar.
A la salida, fue nuevamente aquella masa escurriéndose por las rampas, y en los portones, por alguna pelea, o cosa que se le parezca, había un masón, y al lado una masita, y en medio de esta masita, alguien que sabía lo que pasaba en medio del masón, por lo tanto dentro de la "ley de las masas": a un masón corresponde siempre una masita.
Entramos en medio de la masita llevados en avalancha por la masa, y he aquí que delante de nosotros está la misma masa del sexo frágil del inicio de la historia; nuevamente nos aplastan contra ella, y no nos oponemos. Como ella hace lo mismo, resulta que sacamos conversación y ella corresponde, y al preguntarle por qué estaba sola, dice que se había perdido de sus padres en aquella masa, y nos ofrecemos para llevarla hasta su casa; por cierto a esa altura ya ni sabía más dónde estaban los amigos, pero el hecho es que llevamos a la niña hasta su casa (de ella), y nos quedamos esperando con ella la llegada de los padres, pues decía ella, tenía miedo de quedarse sola.
Ya que la historia se está poniendo muy larga, debo decir para terminar, que los
padres de la niña no llegaron hasta que yo me fui, y hasta fue bueno.
La masa estaba óptima.

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