Orgullo de ser brasileño
- Miguel Fernández

- 6 jul
- 3 min de lectura
En 1998 fuimos contratados para hacer el proyecto del sistema de distribución de agua del barrio de Palanca, en Luanda. Palanca era una verdadera ciudad-favela, con 3.000 ha y población entonces del orden de 500.000 habitantes, casi todos recién instalados, provenientes del campo y desplazados de la entonces guerra civil;
En la ocasión iba a ir una colega más joven pero que, a última hora, se negó a ir a un lugar técnicamente en guerra. Tuve que ir yo. Me acompañó como cliente el experimentado ing. Ivanildo Calheiros, excelente colega. Fuimos en el vuelo dominical de TAAG (Transportes Aéreos Angolanos), que todavía existe y que en la época era el único vuelo Brasil-Angola (ahora, para Río, son unos tres por semana).
Aterrizamos en Luanda de noche, en un increíble Boeing 747 casi lleno (aquel mayor del mundo hasta hoy, llamado Jumbo, con 2º piso para 1ª clase), en un increíble aeropuerto totalmente a oscuras, balizado por seis u ocho coches con los faros encendidos, y el avión paró en medio de la pista.
Cosa de película...
Bajamos por escaleras apoyadas al avión, con ayuda de los faros de los coches iluminando, y fuimos rescatados de allí por un coche de la CNO (Constructora Norberto Odebrecht), con quien nuestro cliente había organizado la infraestructura de apoyo, aunque el servicio nada tuviera que ver con la CNO. En aquel instante entendí por qué me había sido recomendado viajar solo con el equipaje de mano...
Salimos del aeropuerto en total oscuridad y seguimos por un itinerario cinematográfico, con todo oscuro, sin faros, pasando por barreras de militares armados, hasta llegar donde pernoctaríamos, una tal Vila do Gameck, que era un tipo de ciudadcita de residencia del personal de las obras de la CNO.
Nos destinaron, a mí y a Ivanildo, una casa de huéspedes con 4 cuartos, pero solo nosotros dos quedaríamos allí. Había una heladerita con un mínimo de víveres y que estuviéramos listos para el desayuno a las 6h30, pues ese sería nuestro “turno”. No había luces externas y las ventanas tenían los vidrios cubiertos internamente con papel pardo.
Me acordé de mi servicio militar.
En rápida inspección, recuerdo haber encontrado un libro dejado por el visitante anterior: “Minha Vida de Playboy”, de Jorginho Guinle. ¿Quién habrá sido ese visitante anterior tan ligado a nuestra cultura?
A las 6h30, por una mezcla de obligación, tensión, hambre, curiosidad, etc., ya estábamos en el amplio comedor-de-obra junto con otros colegas, la mayoría ingenieros de la CNO.
Poco a poco fuimos enterándonos de que la CNO hacía diversas operaciones en Angola y allí era como si fuera un barrio cercado, donde todos vivían. Que frente al estado de guerra, muchos trabajos estaban desactivados o lentos, razón por la cual muchas casas de la Vila do Gameck estaban desocupadas pero, como era el único lugar con un mínimo de infraestructura y seguridad, las casas desocupadas eran alquiladas por personal del cuerpo diplomático de diversos países. Recuerdo personal de Francia, de Italia, de los Estados Unidos, de Rusia, pero eran muchos más.
Como el Gameck era un verdadero barrio, el personal de la CNO y sus familias vivían allí y había supermercado y una escuela primaria con profesoras brasileñas para los niños hijos de los funcionarios.
Entonces, mientras tomábamos el desayuno en aquel comedor, vimos a los niños formarse en unas 4 o 5 turmas de 20 a 30 alumnos cada una y, a las 6h55, empezar a cantar el himno nacional brasileño mientras la bandera brasileña era izada.
En ese momento todos nos levantamos y, en posición de respeto, también cantábamos bajito para no estorbar (no competir con) a los niños del lado de afuera. Y los gringos todos, también de pie, en posición de firmes, acompañando respetuosamente aquella demostración de organización, competencia y osadía.
Fui hasta las lágrimas de emoción durante todas las cinco mañanas que allí estuve.
Pasados más de 15 años, cuento esto todavía con emoción, pues nunca me sentí tan orgulloso de ser brasileño y de ser un ingeniero brasileño. Le debo esa a la CNO.

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