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Prólogo del libro "Anclajes en tuberías de junta elástica", de Ibrahim Lasmar

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 7 jul
  • 4 min de lectura

Las ciudades son rehenes de su sistema de agua. Si falta cualquiera de los sistemas de infraestructura urbana, se instala el caos. Si falta electricidad, el primer efecto insoportable que se notará es la falta de agua: no habrá solución. Si falta agua, aun con electricidad, será insoportable vivir en zonas urbanas.

Existirán en Brasil (2012) más de 10.000 sistemas de abastecimiento de agua. Ese número no para de aumentar.

En cada uno de ellos se va a buscar agua cada vez más lejos, resultando en tuberías más largas, con presiones mayores.

Las ciudades también crecen en tamaño y las redes de distribución de agua aumentan en todos los sentidos.

Los alcantarillados necesitan ser bombeados hasta un destino final adecuado, en fin, las tuberías bajo presión son cada vez más importantes en la medida en que la población aumenta y se urbaniza.

La practicidad y la rapidez en la implantación, en el mantenimiento y en la reparación, la intercambiabilidad, la disminución de ítems de stock, en fin, una serie de ítems parece haber privilegiado la opción por tubos con “junta elástica”, pues todos esos aspectos resultan en confiabilidad (continuidad de abastecimiento con minimización de interrupciones) y economías.

La necesidad de reducción de los costos, los nuevos materiales, el perfeccionamiento de los materiales antiguos, conducen a diámetros cada vez menores, muchas veces no adoptados por inseguridad técnica del proyectista, del instalador y del operador, que, por los más diversos argumentos, terminan por sobredimensionar los sistemas, trabajando con presiones menores, sin presentar análisis de costos convincentes.

Pero esas tuberías deben ser implantadas de forma económica y confiable.

Las fallas (o deficiencias) de anclaje en las tuberías son frecuentemente confundidas con otras causas, pues muchos de los lugares tardan en colapsar porque, por suerte, tardan en superponerse esfuerzos y situaciones que, muchas veces, solo ocurrirán con más frecuencia después de algunos años, iludiendo a los espíritus más simples.

Es al personal que va a trabajar con esas unidades de los sistemas de abastecimiento de agua (y eventualmente otros usos de tuberías con junta elástica) que se destina este libro, llenando una laguna de la literatura técnica especializada pues, lo que aquí aborda el Ing.° Ibrahim, solo aparece en otros libros de forma resumida y superficial, con un vacío importante para la práctica de la ingeniería en el sector, en especial cuando se usan tuberías con juntas elásticas, pues son las que requieren mayores cuidados en los “anclajes”.

Este trabajo, aunque especializado, a través de un abordaje técnico bastante simple, organiza el asunto y presenta explicaciones, métodos y patrones necesarios a los proyectos (cálculos, arreglos, dibujo, detalles, etc.), a la construcción y a la conservación de las unidades compuestas por tubos. Es una síntesis didáctica y una memoria técnica de años de trabajo y experiencia, que quedan aquí registrados para uso actual y para que no se pierda ese aprendizaje y ese acervo para las generaciones futuras.

El autor, el Ingeniero Ibrahim Lasmar, es una figura única, tanto como técnico como persona.

Todavía recuerdo cuando lo conocí, en los idos de 1980, en una presentación en el exterior DNOS sobre la implantación del denominado “Projeto Rio” en la orilla oeste de la Bahía de Guanabara y él habló sobre el drenaje en las cuencas aguas arriba de ese terraplén en esa orilla.

Luego noté que estaba delante de una persona extraordinaria, un “tipo inolvidable”.

Como técnico, reúne teoría, experiencia (se formó en 1951 por la actual EE-UFRJ y desde entonces practica ingeniería de hecho) y buen sentido, resultando en sabiduría que desborda hacia los colegas. Tampoco hay asunto por el cual Ibrahim no se interese y no tenga ideas creativas y útiles para dar. Es un “don” que él tiene: el de “ingenierizar” todo el tiempo.

Como persona, reúne conceptos que todos deseamos tener: es admirado por quienes se le acercan, todos gustan de él y quieren trabajar con él, todos se refieren a él con un “qué” de admiración. Evidentemente que tal concepto proviene de sus cualidades: discreto, leal, afable, confiable, amigo, afectuoso, fuera de la folclórica elegancia.

Pero es ese mismo Ibrahim en quien noto una vanidad técnica que lo motiva por encima de la remuneración y del dinero, y que lo hace buscar una solución mejor para cada asunto y que lo hace mostrar y enseñar humildemente lo que sabe. Es la vanidad buena, la que construye y que debe ser estimulada por todos nosotros como siempre hizo Ibrahim. La vanidad que el ingeniero siente al ver una obra lista y funcionando y saber que aquello está allí en gran parte por su labor y su arte. Algunos llaman a los que así se comportan “vibrador”. Pues, todos nosotros que convivimos y aprendemos con Ibrahim nos contagiamos un poco con esa manera de ser y para nosotros es más importante hacer lo correcto, mostrar lo que sabemos, pues es de eso que nos alimentamos, es con eso que vibramos.

Creo que fue eso lo que lo hizo escribir este libro: sabedor de que sabía más sobre este asunto que la mayoría de los colegas, no quiso dejar pasar la oportunidad de transmitir ese caudal y se dedicó a colocar en el papel el resumen de sus estudios, de sus experiencias, de sus elucubraciones.

Quienquiera que necesite profundizarse en este tema encontrará respuestas o caminos en este libro, siempre en el abordaje simple y claro al que nos referíamos.

Es un libro de profesional para profesional. De padre para hijos.

Gracias Ibrahim, por todos nosotros que vamos a usar este libro con gran provecho.


Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en 2003 R2026jan, 5.170 caracteres


 
 
 

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