Accidentes reincidentes
- Miguel Fernández

- 7 jul
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En la letra de la canción “O Bêbado e o Equilibrista”, con genial ironía y oportunidad, João Bosco y Aldir Blanc pinchaban el ambiente de entonces recordando: caía la tarde como un viaducto, los viaductos están cayendo, ¡están cayendo los viaductos!
Me acordé de eso cuando, recientemente, cayó un viaducto en Génova, en Italia, y me propuse escribir un artículo sobre las obras de ingeniería, cada vez más hechas por el menor costo, cada vez con menos mantenimiento, como si tuvieran que ser eternas. Con el colapso del viaducto de la Marginal en São Paulo, mi pretendido artículo me pareció llover sobre mojado y fui a tratar otros asuntos.
Hoy, con el accidente de la Barragem do Feijão, veo que no hay cómo huir del tema. Algo está muy equivocado. Cuando ocurrió el lamentable “accidente de Mariana”, un destacado colega ingeniero, de mis relaciones profesionales y especialista del ramo de mecánica de suelos, fue contratado por un fondo de inversiones extranjero para hacer un diagnóstico de lo que había ocurrido. Ese fondo había invertido en una de las socias del emprendimiento. El trabajo era confidencial y nunca pude verlo, pero entre una conversación social y otra, supe que la conclusión de ese colega fue más o menos la siguiente:
“El presidente de la empresa fue contratado porque tenía un MBA no sé de dónde; el director financiero, ídem; el director técnico tenía que trabajar todo a costo mínimo, de preferencia tercerizando todo, hasta las actividades-fin, porque la legislación era confusa y extorsiva. Esos genios de los MBAs necesitaban maximizar lucros y sus bonos para agradar a los accionistas y garantizar su parte, todo dentro de la ley, ¡claro! ¿Y cuáles son las leyes que rigen las obras de ingeniería? Son las de la burocracia y las del “menor costo de obra” (sea obras, suministro o proyecto, para ellos es todo la misma cosa).
Así, mi amigo, que ya andaba mucho por allá antes del accidente, recordó que todos usaban casco (aunque 90% de la obra fuera a cielo abierto), cinturón de seguridad, chalecos señalizadores, guantes, botas, lentes, solo se podía circular a 20km/h y con faros encendidos, el Crea sabía que las anualidades y las licencias estaban pagadas al día, y, estando todo “dentro de la ley”, estaba todo ok.
Entonces preguntamos, yo y el lector, cómo pueden haber caído (colapsado) esas represas, si los papeles y tasas del Crea estaban todos pagados al día, ISS, ICMS, PIS, Cofins, IR, ICM, IPI, todo al día, seguridad del trabajo perfectamente conforme a los manuales, comedor fiscalizado por la Anvisa, vacaciones al día, todo contratado por el menor costo para que no hubiera canallada. ¡No, no es posible que haya caído!
Esa “Barragem do Feijão” que colapsó ayer en Brumadinho, MG (ni siquiera estaba lloviendo), nuevamente en los alrededores de Belo Horizonte, aislando el notable Inhotim, y a quien estaba allí, era otra “represa de relaves de minería”, o sea, donde se acumula para siempre lo que no se aprovecha del material minado. Por lo que entendí, de consultas que hice hoy a colegas, fue alteada (originalmente tendría 40m y fue pasada a 70m o más, números no confirmados), y estaba sin recibir más relaves y siendo reforzada porque fue constatada la necesidad. Parece que el número de víctimas será récord, lo que garantizará una atención larga de los medios. Otros accidentes ocurren por el mundo, algunos sin víctimas, y por lo tanto con poca repercusión. Ciertamente habrá quienes se dedicarán a discutir si la culpa fue de los militares, del PSDB, del PT o del nuevo gobierno. Mientras no se revalorice la ingeniería, los accidentes seguirán aumentando, y cada vez más cerca de mí y del lector.
Río de Janeiro, publicado en el Jornal do Brasil, el 26 de enero de 2019.
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en 2018/2019, 2.995 caracteres


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