Fotografiando almas (En Libia)
- Miguel Fernández

- 2 jul
- 3 min de lectura
En ciertos lugares del mundo, y en ciertas situaciones, es mejor sacar fotos disimuladamente. Y sobran motivos.
Hay gente que, alegando motivos religiosos, prácticamente agrede al turista-fotógrafo, diciendo que salió en la foto, aunque sea allá al fondo, en el paisaje, con el argumento de que su “alma” fue sustraída por la foto, que no autorizó, en fin, quieren ir a la policía, arman un escándalo en busca de una “compensación” financiera. Creo incluso que un “asalto” sería más honesto.
Fue lo que ocurrió en Trípoli, capital de Libia, en dic2007. Como ya registrado en otra crónica (Lo combinado no sale caro), estábamos a trabajo, apoyando a una constructora brasileña. Terminadas las visitas y las reuniones, quedamos con dos o tres días libres antes de iniciar la vuelta a Brasil, esta vez vía Lisboa. El ing. Teles, el ing. Bezerra y yo contratamos un taxi por dos días para conocer Trípoli y los alrededores.
Como en cualquier otro lugar del mundo, hay gente buena y gente mala. Hablando francés se puede “arreglárselas” por allá. Nos encantó conocer Libia y fuimos muy bien tratados. En aquella época, casi todos se decían islámicos, las costumbres y las exteriorizaciones del día a día siguiendo los preceptos de Mahoma y, aun cuando no era exactamente así, pero les convenía, decían que hacían esto o aquello por motivos religiosos, me contó un libio no muy ortodoxo.
En el primer día libre, fuimos a las ruinas de “Leptis Magna”, uno de los lugares más interesantes que conocí en la vida y que recomiendo fuertemente visitar a quien tenga la oportunidad o pueda ir por allá. El lugar tuvo su auge por el siglo 1 e impresiona. Queda en el litoral, en la orilla del mar Mediterráneo, a poco más de 100 km al este de Trípoli.
Por la noche, ya de vuelta al hotel en la capital, supe por e-mail (primordios de internet) del nacimiento de mi nieto Joaquim. De ahí que, al día siguiente (11dic2007), quise ir a visitar un templo católico que había visto, para rezar por el nieto. Entré en el templo, pasando por una inspección visual y detección tipo aeropuerto. Era una construcción grande, que llamaba la atención, creo que estaba consagrada a San Francisco y me dijeron que era el único católico en la ciudad. El hecho es que, al entrar, había unas cien personas esparcidas por el lugar, unos rezando, otros conversando, y a medida que me iban viendo se fue creando un silencio general, todos me miraban mudos, entre curiosos y con recelo.
Me sentí medio obligado a ir a presentarme a un sacerdote que también parecía ser la persona más importante presente, y que me miraba como orientándome a eso, lo que hice en voz baja, explicando por qué estaba allí y pidiendo su autorización. Entonces recibí un saludo gentil, a través de una inclinación de cabeza y de manos, bendiciéndome, que todos percibieron y el ambiente retomó la normalidad.
Después de hacer mis oraciones, al salir, ya en la calle, en compañía de Teles y de Bezerra, que se quedaron esperando afuera, sacamos unas fotos frente a la iglesia. En eso, surgió un personaje queriendo la cámara fotográfica de Teles, alegando que había salido en una de las fotos, que su alma se había ido, bla, bla, bla... Y fue aumentando el tono.
Muy desagradable, uno, en un país diferente del suyo, de cultura diferente de la suya, siendo coaccionado de aquella forma. Eso después de unos diez días en ese país sacando fotos, sin restricciones. Nos habían avisado que no fotografiáramos personas específicamente, lo que respetábamos.
Fue necesario que nuestro conductor gritara con el “tipo” para que se intimidara y desistiera. Después supimos que era un “golpe” común. Cosas que ocurren en cualquier lugar, varía el tipo de golpe. Teles dijo que probablemente el conductor quedó preocupado por no recibir, por eso intercedió a nuestro favor de forma vehemente. Maldicencia de Teles, pues fuimos muy bien tratados por el tal conductor antes y después del episodio y todos terminamos amigos.
En el tercer y último día, nos animamos y fuimos a hacer un programa ateo: cenar en un buen restaurante árabe con show de danza del vientre, incluyendo a dos colegas más, una de ellas la ingeniera Siena. Ahí quienes no querían salir en las fotos eran Teles y Bezerra, ambos alegando que eran casados y que las fotos podían ser malinterpretadas por las almas de las esposas, si llegaran a verlas, incluso con el "álibi" de la colega allí presente, o hasta por eso.
¡Cada uno con sus problemas y con sus almas en pena!
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en abr2023 R2026janRa, 4.356 caracteres




Comentarios