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Hablando inglés

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 30 jun
  • 8 min de lectura

Las obras del Puente Río-Niterói fueron iniciadas en ene1969. Los tres vanos centrales son de acero, el proyecto, algunos cortes, soldaduras y módulos tipo construcción naval fueron hechos en Inglaterra y montados aquí por el consorcio anglo-brasileño Dormann & Long, Cleveland Bridge y la brasileña, a pesar del nombre, Montreal Engenharia. Creo que el financiamiento era del Banco Rothschild.

El jefe-gerente del contrato de construcción de esa obra, aunque de ingeniería, fue el abogado Jorge Pastor, excelente persona y excelente profesional. Recuerdo bien una reunión con los ingleses, en 1969, para resolver diversos aspectos del consorcio, entre ellos la contabilidad común. Como pasante de Montreal, fui llamado para redactar un acta y pasé a ser el "redactor oficial". El Dr. Pastor iba orientando lo que había que escribir. Qué rara oportunidad para aprender lo que no se enseña en las escuelas.

Había un desacuerdo sobre qué moneda adoptar. Montreal prefería el dólar norteamericano y los ingleses la libra esterlina. En cierto momento se creó un impasse. Para mí era visible que aquello con lo que el contador de Montreal, Zolletti, no concordaba era con el sistema no decimal de la moneda inglesa, pero eso parecía no ser argumento para los ingleses. Después de una hora de conversación, sin salir del punto, ya había cierta irritación, de los dos lados, por la no convergencia. Yo perdía mucho de los diálogos, por mi inglés precario, pero era socorrido por un traductor a disposición de los negociadores en la sala.

En eso, el Dr. Pastor se vuelve hacia el líder inglés y dice: No entiendo la terquedad de ustedes. Por las noticias, la "libra esterlina" va a pasar a decimal en breve, y ahí da lo mismo. Además, una moneda que tiene “media corona” y no tiene “una corona” “¡es demasiado!”. El inglés tiró la lapicera sobre la mesa y dijo: OK, let’s use american money. Creo que, realmente, uno o dos años después los ingleses pasaron a adoptar el sistema decimal para la "libra". Salí de allí pensando en hacer otro curso de inglés... Era evidente que el inglés era el “esperanto”, en la práctica y en la realidad, y yo me sentía inseguro con lo que había aprendido en el colegio y en los cursillos.

Alrededor de 1962, yo había elegido el francés como mi prioridad, influenciado por una visión de que el francés era la lengua diplomática, y el inglés la “comercial”, y así sería para siempre. Resultado: yo tenía un francés mejor que el inglés.

Además, yo había estudiado en un colegio (*03) con un ambiente francamente de “izquierda” en que los ingleses y los americanos eran considerados “colonialistas enemigos” y yo, que ya era “de derecha”, “lacerdista”, no quería provocar más y sufrir más bullying por causa de ideologías y política. ¿Ya pensó si encima yo hablara un buen inglés? Habría sido tachado de “entreguista”, etc. y tal.

Creo que no fui solo yo quien percibió la necesidad del inglés que, si ya era grande, se acentuó en aquella época. Había dos cursos tradicionales: el IBEU y la Cultura Inglesa. De repente, surgieron cadenas de cursos: Brasas, Oxford, etc., todo el mundo creyendo que si aprendía inglés resolvía la vida. Hablar inglés se volvió un objetivo, una oportunidad, acceso directo a informaciones, a libros, a música, además de que, al ponerse de moda, quedó “chic”. Los cursos de inglés se volvieron muy populares.

Regístrese que 1967-69 fue una época políticamente delicada, mundialmente hablando. En Francia, memorables marchas; en Estados Unidos, los hippies y Woodstock; aquí, el congreso de Ibiúna, secuestros de aviones, el famoso AI-5, en fin, abundante literatura al respecto.

Volviendo al Puente Río-Niterói y a los ingleses, el hecho es que la Reina Elizabeth II llegó a Río el 05nov1968, por lo tanto con 42 años de edad (murió en 2022 con 97), para dar brillo a la firma del contrato de financiamiento del Puente. De avión hasta Salvador, BA, donde se quedó unos dos días y desde donde vino navegando en su enorme yate, en la práctica un pequeño navío, llamado “Britannia”, que fondeó en la ensenada de Botafogo, frente al “Morro da Viúva”, habiéndose hospedado en ese barco los días que pasó en Río, usando el muelle del Iate Clube RJ (en Urca) para embarque y desembarque por el servicio de alvarengas del club.

El Iate Clube se preparó todo para ese protagonismo y, con el complejo de vira-latas que asola al país y la poca autoestima de una falsa élite, por compadrazgo y hereditariedad, aparecieron enseguida algunos “indios” queriendo mostrarse súbditos de alguien, en este caso quien estuviera más a mano, y era su majestad “Liz 2ª”.

Colocaron alfombras rojas, reformaron la sede del club, toldos y pasarelas para el caso de lluvias o de sol, compraron uniformes nuevos para los funcionarios, curso intensivo con clases de etiqueta, de protocolo, de ceremonial, etc. Dicen que hubo incluso inciensos encendidos todo el tiempo para, en la eventualidad de que alguien se tirara un “pedo”, la reina no lo sintiera. La cosa llegó al punto de contratar a un profesor de inglés visando entrenar a los funcionarios y marineros para los inevitables contactos con los ingleses. Durante tres meses, dos horas de inglés intensivo por día.

La reina apenas pasaría por el club, usando el “muelle de la veranda” para embarcar y desembarcar en el barco que estuviera en el servicio de alvarenga e ir hacia, o venir del “Britannia”, donde subía o bajaba por las escaleras externas, que son bajadas en esas ocasiones en que el navío no atraca en el muelle, quedando allí colgadas de forma inclinada, haciendo un ángulo de unos 30º en relación con el plano de la superficie del agua.

En el caso también había un patamar horizontal cerca del mar para los rituales a los que la Reina tenía derecho: toques de corneta, saludos, en fin... Nelson (*01) debe haber ideado toda la payasada para sí, diciendo que era para el Rey, pero quedó hasta hoy.

El marinero, de apodo “Fumaça” (*02), entonces con unos 25 años de edad, era un buen profesional, enfocado, proactivo, interesado, incluso había hecho un curso y sacado licencia de “mestre-amador”. Tal vez por ver en él tantos predicados, pese a la poca edad, fue uno de los destacados para el entrenamiento “full” del Iate Clube, comenzado unos 3 meses antes.

Agnaldo (apodo Mumu), contemporáneo y coterráneo de Fumaça, que me contó estos episodios, dijo que, después de dos meses de entrenamiento intensivo en protocolos, ceremonial, etiqueta y lengua inglesa, el grupo de élite de los “entrenandos” estaba volviéndose casi insoportable ante los demás funcionarios del club. Fumaça, por ejemplo, solo atendía por “smoke”, empezó a tener gestos de las clases de etiqueta, de la profesora (de Socila), tomando el vaso y la taza con el dedo meñique levantado, a repetir lo que veía hacer a los marineros y soldados frente a los Reyes en películas que pasaban, como gritar “Dios Salve a la Reina”: _ GODI SEIVE DE CUIN

También empezó a incorporar a su vocabulario del día a día diversas palabras en inglés: uáter, shirti (un peligro, tuvieron que dar clases extras por causa de esa palabra), gudimorningue, a fudi du ristoranti tuday uas OK, y por ahí iba, cuando, finalmente, la Reina llegó.

Todo listo, un director del club que tenía ascendencia sobre los demás, junto con un Almirante de pijama también socio, no se contuvieron y, cuando el Britannia lanzó anclas y bajó las escaleras por el costado, ya estaban al pie de ella en el nuevo barco de alvarengaje, de nombre Cocoroca (nombre de tradición del Iate RJ para ese servicio), comprado, preparado e inaugurando allí para esos dos o tres días de idas-y-venidas. Casco impecablemente blanco, alfombra roja, los metales de bronce brillando de pulidos, toldo nuevecito para que la Reina no tomara sol a lo tonto en este clima de los trópicos, con la logomarca de Inglaterra y del Iate, todo resplandeciendo, oloroso, día lindo, ¡perfecto!

La ansiedad del Director y del ex-Almirante era tanta que llegaron al lugar casi una hora antes de lo combinado, con la esperanza de que Ella desembarcara antes, y esperara en tierra al Ministro que venía a recibirla, para ellos poder decirles a los nietos y bisnietos que la Reina les había dedicado una hora.

Como convenía a las tradiciones de puntualidad, ni la seguridad estaba en posición antes de la hora, ni los fotógrafos y periodistas, ni el Embajador, ni los Rotchild, entonces la Reina desembarcó exactamente en el tiempo correcto para que, con el trayecto hasta el muelle, donde un RolsRoyce la esperaba, no hubiera demoras.

Fue en ese desembarcar del Britannia, bajando la escalera externa, seguida por el marido, un tal Philip, siguiendo el ceremonial tan ensayado, en el momento en que la Reina se detuvo en el tal patamar inferior, cuando el cornetista tocó allá las notas que le correspondían, que Fumaça creyó que era la hora del saludo conjunto y, mirando hacia arriba, en dirección a las piernas de la Reina, gritó, en carioca, alto y claro:

_ GODI SHEIVE DE CUIN!

Pero gritó solo, todavía no era la hora. Con esa pronunciación, resultó en un silencio sepulcral. Una eternidad para los que se dieron cuenta del problema. Fingiendo que no había pasado nada, un oficial dice algo bien alto, tipo “preparar para desembarque”, la reina baja los 10 escalones restantes y, antes de pasar a la alvarenga, hace una paradita, los ingleses hacen el saludo al unísono, Fumaça muy serio repitiendo junto, ahora un poco atrasado, para no hablar solo, presintiendo alguna “metida de pata”, por la sonrisa de los marineros ingleses, que se retorcían para no reír:

_ GÓDI SEIVE DE CUIN!

Pero el estrago ya estaba hecho.

Los brasileños creyeron que Fumaça había cometido un error menor, solo de “timing”, “it happens”. Pero, inexplicablemente, los ingleses de alto escalón parecían muy contrariados, la Reina y el marido con cara de paisaje fingían ni estar allí, el Comodoro, el Director, el Almirante retirado, la demás “entourage”, todos en ropa-de-ir-a-misa, desconsolados porque la Reina y los demás ingleses ni siquiera los miraban.

Al llegar a tierra, el Embajador Inglés fue informado de lo ocurrido y providenció que no hubiera más interacción con los nativos no fluidos en el idioma de los blancos y el servicio de alvarenga pasó a ser hecho por un bote del propio Britannia.

Después de que circularan comentarios, algunos idiotas creyeron que fue a propósito, Fumaça, que pasó a ser conocido como “Barbero”, fue despedido del club y, como “no hay mal que por bien no venga”, para suerte de él, un aficionado de la vela con muchas posesiones y sentido del humor supo del caso, lo contrató como “skipper” de su nuevo yate, con algunas ventajas.

A tiempo, el puente quedó listo y fue inaugurado el 04marzo1974, todos vivieron felices para siempre y mi inglés, aunque mejor, sigue siendo sufrible.


(*01) Almirante Nelson, aquel de la batalla de Waterloo

(*02) Francisco Corrêa dos Santos (1942?), Fumaça, natural de Camamú, Bahia, donde de cada 10 niños 7 se vuelven marineros, era un negro-negro, con cerca de 1,65 m de altura, bien parecido, simpático, siempre de buen humor, siempre con gafas oscuras y un bigote del tipo que vino a convertirse en la marca de Eddie Murphy.

(*03) Colégio de Aplicação da FNFi, profesores de inglés: Miss Lott y Mrs Sarita Konder



Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en abr2023 R2026janRa, 17.964 caracteres







 
 
 

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