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Lidiando con zombis

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 2 jul
  • 4 min de lectura

VARIG era la compañía aérea brasileña de renombre mundial, hasta que quebró en 2006 (o fue quebrada, dependiendo del interlocutor). Casi todos los brasileños, incluso los de generaciones más nuevas, ya oyeron hablar de VARIG, objeto hasta de letras de música, poemas, y de cierto orgullo brasileño en el exterior. Era sinónimo de Brasil y mantenía un alto estándar de eficiencia técnica y de imagen. Creo que había incluso celos de Itamaraty, tan gloriosa era VARIG y sus oficinas mundo afuera.

Todos los que viajaron en aquella época tienen una o más historias envolvendo a VARIG. En esta crónica, registro un episodio que yo y R.L. (colega que me acompañó en el viaje) presenciamos a bordo de un avión de esa empresa, en un vuelo Copenhagen- Londres, creo que alrededor de 1994, época en que yo iba a Dinamarca casi todos los años para los encuentros periódicos de los socios del DHI (Danish Hydraulic Institute, presidido por Torben Sörensen), grupo del cual formé parte por 15 años, con mucho orgullo, en los primordios de la modelación hidrodinámica, orientados por el genio de Michael Abbott.

VARIG tenía una licencia (concesión) de vuelo hasta Estocolmo, pasando por Copenhagen, del mismo modo que SAS (Scandinavian Airlines) tenía para América del Sur, hasta Santiago de Chile, pasando por Río y Buenos Aires. Lo que no tenían eran pasajeros suficientes para llenar los aviones de forma económica, de ahí que las empresas hicieran acuerdos entre sí (lo hacen hasta hoy). Creo que VARIG volaba unas dos o tres veces por semana hasta Estocolmo, parando en Londres y Copenhagen, SAS hacía otras dos o tres viajes de esos y British Airways probablemente estaba incluida en el rodízio. Con eso, los vuelos eran considerados “conjuntos, compartidos”, SAS, British y VARIG podían circular con pasajeros en cualquier tramo y viceversa, incluso si fuera embarcando en Río para Buenos Aires o en Londres para Copenhagen o viceversa.

Otro preámbulo importante es sobre el hábito que muchos europeos ya tenían y todavía me parece que tienen de ir a emborracharse a países vecinos o casi. De hecho, se nota que suecos van a Dinamarca, a Noruega, a Alemania y a Inglaterra, no digo que con ese objetivo, pero sí con esa consecuencia. Y viceversa. Con destaque para los ingleses, que además de emborracharse, todavía crean confusiones mayores pues van en grupos y “en grupo” todos se vuelven más valientes. Por lo tanto, cuando hay algún pretexto para ir en grupo, la cosa se complica. Partidos de fútbol, partidos de tenis, creo que hasta de ajedrez es pretexto para juntar una caravanita a: alcohol etílico. Y ciertamente algún talco y otros farináceos. Se creó incluso un adjetivo para la turma: los “holligans”.

Entonces, estábamos despegando de Copenhagen para un largo viaje de vuelta a Brasil, parando en Londres, en un “equipo” de VARIG (un enorme Boeing no-sé-qué- número), con tres filas de asientos y dos pasillos. Brasileños, unos pocos 20%, unos 30% de todas las nacionalidades y muchos ingleses hablando en voz alta, tal vez 30% del avión, con unos 80% de ocupación.

Creo que el avión todavía no se había estabilizado en la altitud de crucero cuando un pasajero, un inglés grandote, vamos a llamarlo JohnnieFighter (corresponde a JohnnieWalker), empezó a crear problemas en el pasillo de estribor (yo y RL viajando en el de babor). Se levantó de la silla, gesticulaba, empujaba a los otros y la situación empezaba a salir de control, con diversas personas alrededor levantándose al mismo tiempo.

Entonces, el comisario (el aeromozo) se aproxima a Johnnie por el frente y lo enfrenta, atrayendo la atención hacia sí. En eso, una comisaria (aeromoza), se aproxima a Johnnie por detrás y “zás”, le mete un puçá, un saco, por la cabeza hasta los pies y tira de dos cordoncitos enrollados helicoidalmente en el saco que, de cierta forma, disminuían los movimientos del “ensacado” Johnnie. Por fin, el ensacado es derribado en el pasillo con cierto cuidado para que no se lastimara, pero totalmente contenido y vencido, pataleando, gritando abafado dentro del saco, en verdad gruñendo, pero la sorpresa fue tan grande que hubo un silencio seguido de aplausos entusiasmados de los pasajeros.

Unos dos ingleses que estaban con Johnnie ensayaron una protesta, pero la aeromoza les hizo ver que tenía más sacos de aquellos, los dos se calmaron por la propia naturaleza, el vuelo siguió normal y tranquilo hasta Londres, donde la policía esperaba a la turba. El saco con Johnnie fue retirado en primer lugar por la famosa policía inglesa, que de gentil no mostró nada, habiendo llevado al coterráneo de la forma más “machucante” posible (tal vez para mostrarle a Johnnie el descontento con la propaganda negativa para los ingleses).

La tripulación fue cambiada, pues recuerdo que aquella turma había hecho Lon-Cop-Est-Cop-Lon. VARIG ofreció champagne y “hors-d’oeuvre” de primera clase a todos los pasajeros de aquel tramo en la escala de Londres, que demoró un poco más, pero como la sala vip era buena, nadie reclamó.

Nunca más vi ni oí hablar de ese “puçá” de gente y, de las diversas veces que conté este episodio, solo conocí a una persona que vio algo parecido, también en avión, en la década de 60. Queda el registro, pues puede ser interesante para contener gente que se altera, y zombis agresivos, minimizando violencias y riesgos para los dos lados: el que necesita ser contenido y el que tiene el encargo de hacerlo.


Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en abr2023 R2026janRa, 5.350 caracteres









 
 
 

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