Lo acordado no sale caro
- Miguel Fernández

- 3 jul
- 6 min de lectura
Era 2007 y QQ Construcciones, excelente y tradicional contratista brasileña, pretendía ganar un contrato de rehabilitación urbana en Bengazi, en Libia, involucrando las infraestructuras viales, de saneamiento, de distribución eléctrica y diversos equipamientos urbanos (parques, canchas deportivas, puestos de salud, comisarías, etc.), de cierta forma semejantes a lo que el Banco Interamericano financió en la Baixada Fluminense con los nombres de “Baixada Viva” y “Nova Baixada”. Bengazi, en la orilla del mar Mediterráneo, es la segunda ciudad de Libia, con cerca de 1 millón de habitantes urbanos.
Para eso, juntó a su personal permanente un grupo de profesionales no permanentes pero conocidos y amigos de QQ, que sabían de lo que hablaban en los asuntos de su especialidad, y fueron todos a Libia, no solo para impresionar al cliente sino también para conocer el lugar, hacer una buena propuesta y evaluar bien los costos involucrados, ya que algunas tareas no eran exactamente del día a día de QQ.
Contextualizando, fueron unos ocho ingenieros brasileños, entre los cuales Teles y Bezerra, que no eran de QQ pero entendían de hacer los “proyectos” (design) que la obra debería seguir. Entre los otros seis, había incluso una ingeniera, Siena, de la propia QQ. La turma se reunió en Recife, de donde tomaron un vuelo de Alitalia para Roma y, después de una escala de 24 horas, otro vuelo para Trípoli. Era inicio de dic2007. El gobierno brasileño de entonces (2º mandato Lula) tenía buenas relaciones con el folclórico Coronel Muhamed Kadhafi, que era el Jefe de Estado de Libia (lo fue de 1961 a 2011). Brasil tenía un interesante programa de apoyo a las exportaciones de servicios de las empresas brasileñas de ingeniería, vía BNDES.
Con Kadhafi dando las cartas en Libia y el perfil antioccidente que pregonaba, ir a Libia (y volver) era un problema. Durante más de 10 años después de esa ida a Libia, todas las veces que los participantes de ese trabajo necesitaron sacar visa americana o entrar en países de la OTAN, y fueron muchas veces, las aduanas siempre los pararon para preguntar qué fueron a hacer a Libia en 2007. Creo que nunca cayeron en contradicción, pues nunca fueron barrados. El clima político en Libia y hacia Libia era tenso. Kadhafi era acusado de oprimir a su pueblo, de alguna forma haber apoyado o ayudado algunos famosos actos terroristas alrededor del mundo, destacándose la explosión del avión de PanAm en 1988 sobre Inglaterra y el atentado en las olimpíadas de 1972 en Alemania, entre otras cosas.
Folclórico porque, entre otras cosas, mientras nosotros estábamos en Libia, Kadhafi estaba acampado en una tienda que armó en un jardín de Lisboa donde habría una reunión de la ONU. Tenía también a su disposición una “guardia pretoriana” compuesta de lindas mujeres y la lengua suelta, lo que hacía la delicia de la turma que no gustaba de EE. UU. y de otros países llamados “colonialistas”.
A los dos que no eran funcionarios de QQ (había otros dos en esa condición), cuando fueron invitados para la caravana les fueron prometidos los contratos de los proyectos, cada uno en su especialidad. Por eso, aunque no tuvieran gastos, tampoco ganaban. Todo conforme a los usos y costumbres del mercado.
Durante una semana hicieron reuniones, circularon por las calles, sacaron fotos, filmaron, fueron a ver los alrededores de la ciudad, los principales proveedores de tubos, arena, cemento, hierro, precios, tasas, impuestos, abogados, contadores, entrevistaron a media docena de auxiliares, para ver cómo eran los nativos, en fin... servicio bien hecho. Preparados los subsidios para la propuesta, la turma volvió a Brasil, cada uno a su ciudad, y hubo alguna comunicación entre los involucrados, seguida de un largo silencio. Cada uno en sus quehaceres, la vida sigue, nadie dijo nada, Teles y Bezerra pensaron: el servicio no fue contratado...
He aquí que, determinado día, el personal de QQ llama a Teles para otro servicio, esta vez en Venezuela y, en la sala de reunión, sobre la mesa, una linda “revista QQ” (QQ magazine) de circulación interna y para los clientes y, sorpresa, ¿cuál era la portada de la revista? El campamento de obras en Bengazi.
Teles no comentó nada hasta porque era otra turma de QQ, pero salió de allí y llamó a Bezerra, que tampoco sabía, pero quedó muy molesto. El personal de QQ hasta podía contratar a quien quisieran, pero entonces necesitarían reembolsar por lo menos las horas y el trabajo gastados en el montaje de aquella propuesta y un “margen” por la “rescisión”. Eran los usos y costumbres. ¡Por lo menos agradecer y explicar por qué no fue posible cumplir lo combinado!
Resumiendo, las grandes contratistas brasileñas habían pasado a adoptar un sistema de administración en que cada obra era prácticamente otra empresa, un centro de costos separado, donde la mayor parte de la remuneración del equipo “coordinador” era el margen que ellos conseguían “sacar” del contrato. Cuando el jefe del contrato era cafajeste, daba en eso. El sujeto solo miraba aquel contrato, aquel momento, el resto no importaba, ni la ética.
En el caso, habían optado por el impago y por el malcaratismo en relación con Telles y Bezerra, tal vez para economizar unos centavos de los cuales la administración del contrato se quedaría con unos 15% de participación o entonces para alcahuetear a algún amigo. Y que el perjuicio quedara con quien invirtió su tiempo, “no los conocemos”, pensaron los jefes del contrato en Libia.
Felizmente la mayoría de las personas es correcta y se puede vivir. Tanto que otros colegas de QQ, sabedores del episodio, hasta hoy intentan compensar a Teles y a Bezerra, algunos simplemente por ser personas correctas y por no concordar con esas actitudes, otros por recelo de Telles y de Bezerra, que ganaron fama de ser “buenos para echar maldiciones”.
Todo porque Bezerra, que además de ingeniero es caboclo rezador del interior de Goiás, alardeó a los cuatro vientos que Cleiton, el jefe del contrato de Libia, el cafajeste mayor, se iba a arrepentir. Y Bezerra mostraba a quien quisiera ver un frasquito con un polvo que él decía ser de una momia de Perú, donde había hecho un servicio para otra contratista brasileña y se había hecho amigo de un pajé de las maldiciones incas. Que aquella poción daba poderes sobrenaturales irreversibles tan fuertes y daba tanta mala suerte al “trabajado” que ni morir el tipo moría, que era para sufrir más tiempo. ¿Morir para qué? Y que él ya había hecho llegar el polvito a Cleiton.
En efecto, QQ consiguió el servicio, inició los trabajos en 2009, Kadhafi fue depuesto en 2011, cuando el contrato estaba en el auge de la movilización (en la cima de la curva de Gauss). Fue depuesto y asesinado en medio de una guerra civil en Libia. El equipo de QQ por allá, unas 30 personas entre las cuales Siena, tuvo que ser rescatado de noche, frente a una playa cerca de Bengazi, a nado, con traje de neopreno, por una lancha especial, toda apagada, venida de Italia y operada por militares mercenarios, probablemente providenciada por QQ. Coincidencia o no, los vientos cambiaron poco después de que Teles le contara a Bezerra la canallada que habían hecho con ellos.
Fue lo que le contaron a Teles que, así como Bezerra, sádicamente encontró óptimo: pimienta-en-los-ojos-de-los-otros-es-colirio, más aún cuando los otros no cumplen lo combinado.
Teles y Bezerra ni tenían personal allá ni estaban allá, felizmente. Quedaron aliviados. Siena nunca más habló con los “traicionados” ni respondió zaps ni e-mails, probablemente constreñida por haberse quedado en la obra y seguido las órdenes de esconder el inicio de los trabajos.
Dicen que el tal Cleiton nunca más se recuperó del trauma de la noche de la fuga y su herramienta, que ya era de mala calidad, dejó de funcionar de una vez, pese al tratamiento con dosis y más dosis de testosterona. Parece incluso que alguien ya fue a pedir piedad a Bezerra y un antídoto para el polvo peruano, pero Bezerra dice que él no tiene nada que ver con esa parte, que por caridad llegó a consultar al pajé de Pachacayo, pero supo que Cleiton ya era impotente antes de que el contrato comenzara. Tendrían que hacerse aditivos retroactivos a los contratos. Nadie se interesó por eso.
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en abr2023 R2026janRa, 7.250 caracteres


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