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Los novatos (en 1966)

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 6 jul
  • 7 min de lectura

En Río de Janeiro, en el cambio del año de 1965 para 1966, el “vestibular” para ingreso en las 3 escuelas públicas de ingeniería: UFRJ (la Federal, en la “Ilha do Fundão”), UFF (la Federal Fluminense, en Niterói) y UEG (Estadual, hoy UERJ, en Maracanã), hasta entonces hecho individualmente por cada universidad, fue unificado (tal vez haya sido ahí el inicio del CESGRANRIO). Sería al inicio de enero pero, debido a grandes lluvias, inundaciones y derrumbes que se abatieron sobre el entonces Estado de Guanabara, solo fue realizado a fines de enero1966, en lugares tales como el estadio de Maracanã.

Los aprobados iniciaron las clases en marzo de 1966. En la EE-UFRJ, éramos 400 alumnos divididos en 4 turmas de 100, todo ya en la “Ilha do Fundão”; nuestra turma fue la primera integralmente del Fundão, hasta entonces las turmas o habían empezado o terminado en el Largo de São Francisco y eran como máximo 200 alumnos. Dos turmas por la mañana (turmas A y B de 07 a 12 h), dos por la tarde (C y D, de 13 a 18 h), todas de lunes a sábado. ¡El curso duraría 5 años, 30 horas de clase por semana! 399 hombres y una mujer (la colega Silvéria, que vino a formarse en Electrónica).

En los dos primeros años solo sabíamos que seríamos “ingenieros”. La elección de la especialidad (civil, electricista, electrónica, mecánica, metalurgia o naval) se daba al término del segundo año.

Hacía dos años que un gobierno militar se había implantado en Brasil (abril1964). El gobernador del Estado de Guanabara era el competente y controvertido Carlos Lacerda. El mundo parece que se dividía entre los dichos izquierdistas (partidos comunistas y populistas) y los dichos de derecha (militares, conservadores y “lacerdistas”). Como siempre, también había los fisiológicos que se amoldaban a cualquier cosa y, como un cáncer, acaban predominando. Era una época ideológicamente pulsante. Casi todos tenían sus posiciones político-ideológicas y se discutía todo “intelectualmente” hablando.

Para los novatos, una serie de novedades, mitos, engaños. Clase sobre “vectores curvos”, ministrada por un veterano más viejo, con tal competencia que era anotada en serio por muchos, con “deber de casa” y todo. Profesores que, decían los veteranos, eran un terror: ¡reprobaban por pura implicancia! Eran Rangel y Oswaldo “Bola Quatro” en geometría descriptiva, Fuad Nassim Mellem en Química, Radival en cálculo infinitesimal (sobre ese escribiré un artículo aparte), los 4 mosqueteros de “física”: Madruga, Aimone, Ilmar y Maia, alias Kid Palavrão), Andrade Ramos y Francisconi en geología, Zézinho “mijadinha” en cálculo vectorial, y otros menos votados.

El directorio académico, para variar, ocupado por la turma de la izquierda; si no me engaño, el presidente era un tal Balinha (¿Aderbal?). Pocos ya se conocían (colegas de colegio, de cursillo vestibular) pero, rápidamente, amistades que persisten hasta hoy (2017, 47 años después), allí se iniciaban (se sabe que la amistad es un tipo de amor asexuado, comienza con una sonrisa, una mirada, una palabra y se va afirmando).

Al inicio de la segunda semana de clase, en un intervalo, un grupo del directorio académico entró en nuestro anfiteatro en el “bloque A” y, mediante un discurso rápido de que necesitábamos organizarnos, para no ser “manipulados” por los profesores y por la dirección de la escuela, pasó a comandar una elección de “representante de turma” (ya con una sugerencia, que era un exalumno del colegio Pedro II que yo conocía de vista de la política estudiantil del nivel secundario AMES e identificaba como de la “pelegada comunista”). Un grupito inmediatamente se opuso y, para mi alegría y sorpresa, 90% de la turma apoyó. Para no correr el riesgo de que, en un momento de descuido, se eligiera un “teledirigido ruso”, necesitábamos escoger un representante en aquel momento.

Las miradas se escudriñaban unas a otras y recuerdo haber señalado como candidato a un colega que todavía ni sabía el nombre, con quien había intercambiado unas diez palabras la víspera y que parecía también no concordar con la imposición “garganta abajo” por los “estudiantes profesionales” y político-profesionales del directorio, de la cofradía de izquierda. De aquella conversación de 20 palabras, sabía que era del interior del estado y estaba residiendo en el “aloja” (alojamiento de estudiantes, en la propia Ilha do Fundão, en el edificio donde hoy es el COPEAD) y era simpatizante de Lacerda. Nadie iba a residir en el “aloja” porque quería, era porque necesitaba. Fue elegido y reelegido representante de turma en los años siguientes y, hasta la graduación, en la especialidad de electricistas (yo fui a hacer civil). Era Renato Ribeiro Abreu, con quien formé la comisión de graduación en 1970 y con quien mantuve una larga amistad, que vino a convertirse en empresario y, que se sepa, de todos los colegas de la turma, el que vino a hacer mayor fortuna con su trabajo.

Continuando las reminiscencias, había rituales y un itinerario de tradiciones a ser presentados a los novatos. Que yo recuerde, en 1966 prácticamente no hubo novatada. Pero hubo dos “peladas” (partido de fútbol), novatos-y-veteranos con “juez ladrón” impuesto por los veteranos.

La primera “pelada” fue un sábado por la mañana, en abril, en el campo de fútbol del Fundão, al lado del edificio de Arquitectura (hoy arquitectura y rectoría). La cosa se complicó para los veteranos porque, siendo la primera vez que había 400 novatos, de los cuales comparecieron unos 300, los veteranos no llevaron eso en cuenta y, de repente, se vieron en franca minoría (¿30? ¿50?), lo que calma mucho la “valentía” de ciertos “imbéciles”, que transforman lo que sería una broma en válvula de escape de complejos o mentes enfermas. La única extravagancia que hubo fue, en el intervalo del primer al segundo tiempo, en el vestuario, exhibir a los novatos el, digamos, “instrumento” del veterano conocido como Trípode, el bien dotado, que, muy constreñido (era una bonísima persona), se dejó desnudar por otro veterano imbécil para “amenazar” con pasar aquella “espada” en los novatos que insistieran en ganar el partido. Registro aquí como un homenaje que el nombre del “Trípode” era Mário Prata, que 5 años después era uno de los desaparecidos políticos (infelizmente para siempre).

La segunda “pelada” era la más tradicional, llevada a efecto el día 13 de mayo, día de la “liberación de los esclavos”, cuando, teóricamente, terminaba el período en que los novatos estaban sujetos a los caprichos de los veteranos. Era marcada para la noche en el Largo de São Francisco, en el centro de la ciudad, teniendo la estatua de José Bonifácio como juez. El “gol” de los novatos, la rua do Ouvidor. El “gol” de los veteranos, una ventana (cerrada) del 2º piso del antiguo edificio de nuestra “Escola Politécnica” (después llamada Escola Nacional de Engenharia). La diferencia numérica de la primera pelada se repitió con menos diferencia, pero aun así había cerca de 3 novatos para cada veterano. Con el agravante de que el estado etílico general era avanzado.

Frente a la supremacía numérica de los novatos, al cabo de media hora de tanto tirar la pelota contra la tal ventana, se consiguió embocarla, rompiendo el vidrio y cayendo dentro del edificio.

Novatos 1 x 0 Veteranos. Parodiando a nuestro reciente guía nacional, “nunca antes en la historia” de los enfrentamientos los novatos habían conseguido hacer un gol, ¡mucho menos estar ganando!

La turma de veteranos, aborrecidísima (y borrachos, pues todos estaban bebiendo, novatos y veteranos indistintamente), se llenó de bríos, confabularon y trazaron una estrategia sorprendente para no perder el partido. Uno de ellos, creo que fue uno del 3º o 4º año llamado Décio Lefèvre (de la “COMENE”, que era el grupo político de Derecha), fue a buscar su coche, un Chevrolet BelAir importado y no muy nuevo, pero un sueño para cualquiera de nosotros, y entró al campo (el Largo de São Francisco, acuérdense) en velocidad, frenó chillando neumáticos, mientras unos dos o tres veteranos (de la “CI”, que era el grupo político de izquierda) que habían ido a buscar la pelota en el 2º piso (debe haber sido humillante), entraron en el coche y Décio, en disparada, milagrosamente sin atropellar a nadie, entró por la rua do Ouvidor con la pelota dentro del coche. El “juez” pitó gol, Décio dio marcha atrás hasta el centro de la plaza, nuevamente sin acertar a ningún novato, aunque intentando (Dios protege a los borrachos tanto pasiva como activamente, fue el axioma que quedó). El “juez” pitó de nuevo, Décio aceleró otra vez entrando en la rua do Ouvidor con la pelota dentro del coche, el juez marcó otro gol y dio el partido por terminado en ese 2 x 1, hasta porque la policía acababa de llegar y, de repente, todo el mundo desapareció. Al fin y al cabo, estudiante, en la época, era sinónimo de subversivo, fuese de izquierda o de derecha. La policía y los militares primero golpeaban y después preguntaban (cuando preguntaban). Mucha gente se volvió izquierdista con ese procedimiento.

En la dispersión, yo y un grupo (recuerdo al maranhense Rogério Nogueira Santos que ganó el apodo de Qualira, Narciso Lopes, Almir Mansur, Aribel, Amauri Cunha, Celso Loureiro, en fin) todavía oímos: ¡encontrarse en la Praça XV!

Eso significaba el famoso bar Real Astória (¿sería ese el nombre?), junto a la estación de las Barcas Rio-Niterói, en el entonces Mercado Central (que ya no existe más) e iba de las barcas hasta el aeropuerto Santos Dumont; sobraron dos resquicios de la estructura metálica de ese Mercado, que son el restaurante Albamar y un pedacito de la propia estación de las barcas). Allí, bajo el viaducto de la Perimetral (que ya existía y hoy tampoco existe más; ¡duró menos de 50 años!), también hacía punto un carrito que funcionaba 24 h sirviendo una papilla de maíz con una especie de carne picadita muy condimentada: el Angú do Gomes.

Llegando allí, los “maricones” de los veteranos de izquierda y de derecha celebrando el 2 x 1 sobre los novatos. No hicimos nada porque allí estábamos en minoría. Mientras los veteranos tenían dinero para sentarse, tomar chop y comer “testículos fritos a la plancha” (cojones de buey era el aperitivo famoso del bar), nosotros, los novatos, de pie, comíamos un angú con cachaça. Es decir, algunos, otros ni eso. Había pasado de la medianoche, ¡ya era 14 de mayo! ¿Ya no éramos novatos, o todavía lo éramos? ¿Será que todavía lo somos? ¿Quiénes son los veteranos de siempre?


P.S.: considerando que pasaron más de 50 años entre los episodios y el registro, de memoria, pido la comprensión de todos por cualquier imprecisión involuntaria. Procuré ser lo más fiel posible, incluso mostrando el texto a diversos colegas e incluyendo correcciones, sugerencias y comentarios. Todo hecho de buena fe, para que los episodios, costumbres, contextos no sean totalmente olvidados y sean entendidos. También me permití un poco de humor, ironía y sarcasmo, especialmente en el enfoque político, que los colegas discordantes sabrán relevar. Escrito en 2017sep15 para el Libro conmemorativo de los 220 años de la Escuela de Ingeniería de Río de Janeiro.

Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # R2023nov, 10.597 caracteres
 
 
 

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