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Menor preço, será?

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 3 jul
  • 2 min de lectura

La contratación de servicios de ingeniería (y ciertamente otros) usando el “menor precio” como factor decisorio, es un grave error. Es simplista y solo defendible en situaciones casuísticas o excepciones.

Los argumentos para escoger ingeniería por el menor precio son inocentes, infantiles, demagógicos o “listos”. El menor precio será siempre el de aquel que se equivoque por debajo, o del desesperado que “hunda” el precio. En ambos casos el contratado quedará en dependencia de la buena voluntad de la fiscalización. Medio camino andado para conocidos problemas.

Con la opción por el “menor precio”, los representantes de los contratantes creen que se están eximiendo de críticas y sospechas, sus salarios llegarán a fin de mes y que el resto “explote”. En verdad están enterrando la ingeniería brasileña.

Para que ni siquiera se diga que estamos “inventando moda” (aunque las novedades no sean intrínsecamente erradas, es muy común ese tipo de contestación), allá por 1975-76-77 hubo diversas licitaciones de ingeniería con criterio de decisión usando el precio medio de los ofertantes. Antes de hacer la media, se eliminaban los precios extremos para evitar distorsiones o manipulación y ganaba aquel que más se aproximara a la media, es decir, la decisión, no manipulable, quedaba entre los que sabían lo que estaban proponiendo hacer. Funcionaron muy bien para el interés público y de la ingeniería brasileña. Infelizmente el criterio fue abandonado. ¿Por qué?

Dentro de los servicios de ingeniería, la contratación por menor precio es todavía más cruel para las actividades de “Consultoría y Proyecto” (que responden por cerca del 7,5% del costo de los emprendimientos). Es el personal del papel, donde son hechos los planes y los estudios, definidos y calculados dónde y cómo serán construidos (o no) puertos, carreteras, canales, sistemas de agua y alcantarillado, escuelas, presidios, etc. Y eso es clarísimo, pues siendo un servicio que precede la concretización de lo que se quiere, ¿cómo medirlo y mucho menos juzgarlo con el precio?

La ingeniería brasileña, considerada una de las mejores del mundo, fue alcanzada de lleno por un conjunto de situaciones que queremos y necesitamos ver revertidas. En un mea culpa, los ingenieros, al someterse a las reglas del juego (o serían excluidos), se habituaron a convivir en ambientes infectos, donde una de las máximas es “el buen cabrito no berrea”. Acabaron desarticulándose como ciudadanos o grupo. Los propios órganos de clase no los defienden, porque los intereses corporativos (de instituciones donde los ingenieros son minoría: el conjunto nnnnbrás) se sobreponen.

Los ciudadanos que optan por la honrada y digna profesión de ingeniero, obreros más calificados, pero siempre obreros, suelen ser extremadamente prácticos y lógicos. ¿Cómo fue a ocurrir esto al nivel en que está ocurriendo?

Estamos convencidos de que es necesario identificar y corregir las causas del infortunio por el que estamos pasando en el sector de ingeniería y que este es uno de los puntos que necesitan ser discutidos sin prejuicios.

Escoger por el menor precio es un “engáñame-que-me-gusta”. Hay otros. Volveremos al tema.


Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería, publicado en el Jornal do Brasil # escrito en 21ago2018 R2026janRa, 2.275 caracteres


 
 
 

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