Muchos Padres
- Miguel Fernández

- 3 jul
- 2 min de lectura
La ONU patrocinaba excelentes cursos de posgrado en el Instituto de Hidrología de Madrid, que era dirigido por el Ing. Rafael Heras, y ocupa un lindo edificio de moderna arquitectura, junto al río Manzanares. El coordinador era José Liria Montañes, ingeniero de “caminos, canales y puertos” (en España corresponde a ingeniero civil), autor de un bello libro sobre canales.
Las clases empezaban en enero y, para nosotros, sudamericanos, eran más formales de lo que estábamos habituados, con “lista” (verificación de presencia), profesores de traje y corbata, etc.
Esta historia ocurrió en 1976 en el curso de irrigación. La turma tenía unos 40 a 50 alumnos, de todo el mundo: América Latina, África, Asia y cuatro españoles. Algunos eran ingenieros civiles, otros agrónomos, mecánicos, electricistas, dos meteorólogos, en fin, interesados en la actividad Irrigación. Las disciplinas eran edafología (pedología), bombas, canales, nociones de agronomía y de botánica, infraestructura agraria, etc.
A mediados de febrero, el prof. Liria aplicó un test-sorpresa y, en la clase siguiente, comenzó a dictar las notas: António: 7, Benjamin: 6, Carlos: 6,5, Dino: 8, Eduardo: 5, Fernando: 5,5, Ignácio: CERO. Y paró ahí. Silencio general. Todos miramos a Ignácio, que era español, de Écija, en Andalucía, y el benjamín de la turma, formado en agronomía hacía poco, muy expansivo y, aunque no venga al caso, se notaba, de buen poder adquisitivo.
El silencio duró hasta que el profesor Liria, un poco irritado, declaró:
“Usted ha faltado, ¿qué pasó?” (el sr. faltó, ¿qué ocurrió?)
Entonces Ignácio se levantó y, casi en “posición de firmes”, declaró solemne:
“Es que mi padre murió...”.
Consternación general, todos miramos a Ignácio, ¡qué sujeto estoico! No nos había dicho nada y seguía con el buen humor de siempre. El prof. Liria se apresuró a marcarle un test para aquel mismo día, en fin, la vida sigue.
Pasan los meses, y el prof. Liria decide hacer otro test-sorpresa. La situación se repite casi como en una reprise de película. Finalmente, después del silencio protocolar y la misma pregunta del profesor, Ignácio se levanta y formalmente dice:
“Es que mi padre murió...”
Sorpresa general, todos se vuelven hacia Ignácio sin creer que él hubiera dicho aquello. Él percibe la metida de pata, el profesor también y, aprovechando la ocasión, dice:
Si no me falla la memoria, su padre ya murió hace algunos meses...
Silencio general. Unos segundos más y el profesor vuelve e insiste, con Ignácio todavía de pie, medio sin saber qué hacer:
¿Qué me dice?
Ignácio tartamudea un poco y dice:
“Perdóneme, es que nosotros, los hijos de puta, tenemos muchos padres...”
Confusión general, risas, carcajadas, hasta el profesor Liria, siempre muy serio, reía suelto.
Ese era el ingeniero Ignácio de Jove, excelente amigo, excelente persona, excelente profesional, llegó a ser director técnico del perímetro irrigado Marismas del Guadalquivir (Andalucía, Sevilla). Falleció prematuramente en 2002, a los 47 años, de cáncer, dejando dos hijos. Como se dice en España:
Que en paz descanse.
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería, publicado en la Revista ABES Bio n°91 Abr/Jun 2019, pág.45. # R2025dicRb, 2.449 caracteres



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