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Objetividad en los EUA (New York, 1971)

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 6 jul
  • 7 min de lectura

Fue en 1971 que conocí los Estados Unidos (*).

No fue en las alas de PanAir, como dirían Fernando Brant y Milton Nascimento, sino de Braniff, que ya no existe más.

En ese descubrir de los EUA, algunas cosas quedaron en la memoria:

a_ english lessons

por más cursos de inglés que uno haga, nada vale una semana por cuenta propia en un país de habla inglesa:

_en el primer día en Miami (y en los EUA), de repente hablas con la telefonista del hotel y terminas con el “thank you” y ella responde “you are welcome” Caramba, cuánta educación.... “eres bienvenido”. Al día siguiente empiezas a percibir que todo el mundo dice eso. No recordaba que ningún curso o clase hubiera enseñado esa salutación-respuesta al agradecimiento “thank you”: “you are welkcome”.

_ ¿y la palabra strawberry (fresa) que no entraba en la memoria? Tenía que leer para recordar. ¿Y el waffle que no era ueifle era uaflel mismo? Qué sorpresa.

b_ estandarización

“Perro-caliente-con-salsa” es “perro-caliente-con-salsa” y punto final. Allá no existe perro-caliente-sin-salsa si no está en el menú. Y no adianta insistir. Vale para jamón-con-huevos y para mixto-caliente. Solo los huevos o solo un huevo o solo jamón ni pensar. Y si quieres argumentar con el/la atendiente, él/ella simplemente dice “next” (“el próximo”), te ignora y pasa a atender a quien esté en la fila después de ti. Esas cosas son culturales pero también tienen su razón de ser. En el balance del final del día el número de rebanadas de pan necesita cerrar aproximadamente con el número de huevos y de jamón y el tiempo gastado para customizar la venta por aquel precio no compensa o el vendedor cree que no compensa. Y el argumento es muy directo: si crees que lo correcto es a tu modo, que no cuesta nada no poner la salsa en el perro caliente, abre una cafetería a tu modo y ve a competir con él (ella).

c_ next please

¿la famosa tienda de material de fotografía (47’st photo) donde los funcionarios son todos o casi todos judíos? no abría los sábados y abría los domingos, lo que para nosotros era tan increíble como tener bancos para negros y bancos para blancos en los autobuses y cafeterías, sí, todavía alcancé eso. Volviendo a 47’photo, en uno de los mostradores de atención había una fila para sacar dudas, ver y tocar el producto y decidir la compra. En otro mostrador, otra fila, para comprar: pagar y recibir el paquete. Si titubeabas en la hora de la compra con alguna pregunta adicional volvías al final de la fila con el famoso “next”. Las filas eran grandes pues los precios eran buenos, tenían surtido abundante, sabían explicar la parte técnica con calma. Volver a la fila era perder dos horas. Y los brasileños no se conformaban. Había unos que querían pelear y no volver al final de la fila, que fue solo una preguntita, que retiraba la pregunta... no adelantaba.

d_ limpieza urbana

andando por una calle, vi a un peatón tirar al suelo un envoltorio de helado o algo parecido. Otro transeúnte, que caminaba detrás de ese, vio, recogió el envoltorio, aceleró el paso y metió el envoltorio en el bolsillo del primero. Me helé. Fingí que no vi, seguí andando, pero con la curiosidad sobre el desenlace desaceleré y quedé prestando atención: el primero quiso argumentar y oyó de vuelta algo como que si todos hicieran de aquella forma el costo de la limpieza urbana sería mucho más caro.... Los dos, más o menos del mismo tamaño, quedaron medio agresivos uno con el otro, pero el primero aflojó y quedó con la basurita en el bolsillo....

e_ trombadinhas

en Manhattan presencié dos asaltos tipo trombadinha, en plena luz del día, hechos por personal mayor de edad, tipo 40 a 50 años. Empujón en la salida del banco y salir corriendo. En aquella época eso no existía en Brasil. Necesitamos enorgullecernos de cómo evolucionamos desde entonces.

f_ Pelé y asalto

en el metro, entre Brooklin y Greenwich Village, en el tramo bajo el río Hudson, cerca de las 22h30, yo en un vagón vacío. En el vagón siguiente un policía leyendo algo. Cuando el grupo de negros entró en mi vagón en una estación, y me exhibió revólver y navajas, miré al policía por la puerta entre los vagones, él vio, bajó la mirada fingiendo que no estaba mirando y continuó leyendo... Perdí unos 100 dólares y un reloj barato. Pedí que me dejaran mi pasaporte. El líder del grupo miró el pasaporte, me llamó Pílí (alusión a Pelé, único brasileño famoso) y tiró el pasaporte al suelo para que yo me agachara a recogerlo, y así hacerlos sentirse superiores con la humillacioncita. Entendí y obedecí. Menos mal que quedó por eso.... quedé pensando que Pelé ayudó y quedé debiéndole esa a él. Fue mi primer asalto a mano armada.

g_ apartheid

Era la época del Black Power y de la afirmación de los negros como gente. Había muchos conflictos, agresiones y un rencor latente. La liberación de la cuestión del “apartheid” con lugares para negros y blancos en los autobuses y en las cafeterías era reciente y no era uniforme en todos los Estados. Para nosotros era una enorme sorpresa y no sabíamos bien cómo lidiar con el asunto en la práctica. Ellos nos clasificaban como “latinos” y eso significaba que tanto los blancos como los negros nos miraban como aliados y al mismo tiempo con desconfianza: no éramos del otro grupo, pero no pertenecíamos al suyo. Me sentí segregado. A decir verdad la mayoría era muy amigable, incluso los blancos y los negros entre sí y conmigo. Por motivos de disturbios raciales, en Hartford (estado de Conecticut), vivimos un “toque de queda” a las 18h por dos días.

Nadie podía andar por la calle después de las 18h. No creímos mucho en el rigor del asunto y del horario. Íbamos volviendo a pie por la calle hacia el hotel. Fuimos recogidos por la policía y llevados hasta el hotel bajo una enorme bronca.

h_ objetividad

Después de dos meses circulando por los EUA con una beca de estudios (*), quedé en Manhattan en la casa de un conocido de nombre Arnaldo que, junto con otros(as) amigos(as) de él, acabaron convirtiéndose en mis cicerones por New York. De ese grupo, además de Philip, una persona a quien le gustaba salir de noche era la bonita e independiente Augusta, brasileña y colega de trabajo de Arnaldo, con cerca de 10 a 15 años más que mis entonces 24 años de edad. Nos gustaba ir a los mismos lugares casi siempre con más amigos y amigas de ella y uno de los lugares predilectos era la “boite” llamada “wednesday”, entonces de moda. Después de que nos integramos conocí a Gabriel, “boy friend” de ella, otro brasileño e ingeniero, de mi edad, que hacía una maestría en Columbia y también vivía en el Village. Él me contó que ella era de una “objetividad americana”. O venía a encontrarnos o pasaba a buscarnos por el Village o le pedía que pasara por el apartamento de ella para, entonces, salir. Ella vivía muy bien, en el east side y tenía un buen coche. Cuando le pedía que pasara por el apartamento de ella era porque quería hacer sexo antes de salir. La tesis de ella era que al fin de la noche las parejas están más cansadas y hacen sexo peor. Gabriel me dijo que era un poco mecánico para su manera de ser pero que era muy bueno. A aquella edad, las hormonas explotando, era lo único que faltaba, además de aquella suerte todavía querer un poco de romanticismo.... Ella era la “hembra-alpha”, decidía cuándo, cuántas, cómo y etc. Cosas de la época. Época de woodstok, de los hippies, de la “píldora”, del porro, de la minifalda, del topless, de la guerra a los “sostenes”. Una época de liberalización de las costumbres, de la aceptación de los diferentes y de las diferencias. Hubo gente que no entendió bien hasta dónde era para ir. O no consiguió. O no quiso parar e invirtió los signos: ahora algunos de los prejuiciosos son los que eran “prejuiciados”.

i_ secuestro de avión

Se incluían en el grupo seleccionado para la “beca-de-estudios” del USIS dos colegas de Porto Alegre y uno de Brasília, los tres recién graduados en arquitectura y en la fase infanto-izquierdista de la vida. Se vestían con indumentaria “Che-Guevariana” comprada en boutiques especializadas de New York y cumplían el ritual de externar o como mínimo insinuar la opinión de que las miserias del mundo se debían a los EUA.

En el vuelo New York – Detroit, el avión acababa de despegar al inicio de la noche y percibimos que volvió al aeropuerto (¿sería La Guardia?) y al aterrizar estábamos cercados por coches de los bomberos y de la policía. Apenas el avión paró, en medio de la pista, entraron unos militares por una puerta en el fondo del avión y fueron directamente al asiento del colega de Brasília, que fue retirado del avión con su mochila sin poder siquiera manifestarse, tal la sorpresa y la rapidez de la acción. El colega salió en horizontal, suspendido por dos fortachones, como si estuviera sobre una camilla, sin estarlo. En el momento pareció un entrenamiento para el cual no nos habían avisado.

Junto con el brasiliense quedó uno de los dos brasileños que nos acompañaban por la USIS a título de intérpretes. El vuelo fue retomado con el comandante mandando servir champagne a los pasajeros.

Dos días después fueron a juntarse a nosotros en Detroit.

La historia que el brasiliense nos contó fue: al embarcar, nos sentamos esparcidos por el avión, y el colega encontró dificultades en colocar su mochila-guerrillero bajo el asiento de adelante, como debe ser hecho. Apenas el avión despegó, una azafata fue a intentar ayudar con la mochila y el colega en su inglés macarrónico, o de travesura, nunca sabremos, resolvió referirse a la mochila como “it’s a bomb” (traducción al pie de la letra de “es una bomba”, “un estorbo”). La azafata continuó sonriendo y fue a contar al comandante, que resolvió no arriesgar....

El brasiliense continuó el programa de la “beca-de-estudios”, pero, al fin del programa, fue el único no autorizado a permanecer en los EUA. No les hizo gracia.

Regístrese que, en aquella época, en el mundo entero, fue cuando comenzaron episodios de secuestro de aviones por motivos políticos.

j) ascenso y caída de los imperios

decían que los USA serían la primera nación en la historia en pasar de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización. Salí de allí pensando que podía ser que sí y podía ser que no. Transcurridos 49 años, después de más de 20 idas a los USA continúo en duda. Muchas cosas para elogiar y otras para criticar. Cosas adorables y cosas lamentables. Como en todas partes, y como toda gente.

(*) ver crónica “él te trata bien”, en este libro


Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en may2016 R2026janRa, 8.556 caracteres
 
 
 

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