Tihuanacu y los Dioses Astronautas
- Miguel Fernández

- 7 jul
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Era julio de 1989 y pasé un fin de semana en La Paz por motivos de trabajo. Alguien me había recomendado visitar las ruinas de Tihuanacu (grafía en portugués de la palabra en aimara, perteneciente a la familia lingüística del quechua). Se trata de un sitio arqueológico situado a unos 60 km de La Paz, en dirección oeste, y a unos 20 km del lago Titicaca, a aproximadamente 3.850 m de altitud. Aún el viernes concerté la excursión en la recepción del hotel.
El sábado por la mañana apareció en el vestíbulo del hotel un simpático señor con aquel inconfundible biotipo inca, presentándose como "el cicerone" que me acompañaría hasta el lugar. Aclaró que también era el conductor del transporte, un taxi, un viejo Chevrolet Bel Air en un estado razonable de conservación. Y fue presentándome a otros dos turistas ocasionales, que también habían contratado la excursión: un estadounidense que no hablaba francés y un francés que no hablaba inglés, ambos en viaje de trabajo, igual que yo. Pero todos nos defendíamos razonablemente en español.
Y allá fuimos, rumbo al altiplano andino. En poco más de una hora llegamos al lugar. Confieso que me impresionó a primera vista. Esperaba mucho menos. A usted, que me está leyendo, se lo recomiendo encarecidamente.
Tihuanacu fue un asentamiento precolombino. Probablemente la capital de la civilización o imperio del mismo nombre, que ocupó el altiplano sudamericano, abarcando partes de las actuales Bolivia, Perú, Argentina y Chile, perdurando desde 1.500 a. C. hasta 1.180 d. C., cuando desapareció misteriosamente. Alcanzó su apogeo entre los años 300 d. C. y 1.000 d. C. No se sabe mucho sobre ellos porque no tenían escritura.
Parece que el lugar fue abandonado debido a que quedó inundado por el lago Titicaca, cuyo nivel habría aumentado considerablemente en esa época. Si ocurriera hoy, se diría que fue a causa del "cambio climático". Como ocurrió alrededor del año 1.200 d. C., queda a la imaginación de cada uno.
En el centro del recinto hay una plaza situada entre dos y dos metros y medio por debajo del nivel del terreno circundante, formando el llamado "Templo Semisubterráneo", como ellos lo denominan, con más de 170 cabezas esculpidas en las piedras de los muros de ese desnivel, ninguna igual a otra, aparentemente representando diferentes etnias o personajes, además de unos tres monolitos en el centro que algunos relacionan con la constelación de Orión. Es un lugar intrigante de aquella compleja civilización.
Nuestro guía nos estaba contando todo esto cuando nos acercamos a un grupo más numeroso, acompañado por otro guía que daba una explicación diferente sobre el sitio. Para mi gran sorpresa, la base teórico-arqueológica de aquel otro guía era el imperdible libro "¿Recuerdos del futuro?" (Eran los Dioses Astronautas?) del escritor Erik von Däniken (¿1970?). Imperdible porque, si no es verdad, está extraordinariamente bien imaginado (si non è vero è ben trovato, proverbio italiano mundialmente famoso).
La historia de Von Däniken encajaba maravillosamente con el lugar y era mucho más interesante que la que contaba mi guía. Cuando me di cuenta, ya me había unido al otro grupo, junto con el francés y el estadounidense, para desesperación de nuestro guía, quien, inconforme y lleno de celos, cayó en un profundo disgusto, intentando en varias ocasiones recuperarnos, sin conseguirlo.
Solo volvimos a reunirnos con él al final de la visita, para regresar a La Paz. Los tres "turistas" comprendieron la situación e hicieron una buena "vaquita", lo que lo dejó contento y en paz.
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en 2022 R2025dic22Rb, 3.147 toques


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