Tonterías 2 (entre huevos y leyes)
- Miguel Fernández

- 17 abr
- 4 Min. de lectura
En función de nuestro texto “tonterías parte 1 - agua sin gluten” (https://www.engenheiromiguelfernandez.com.br/post/sem-gl%C3%BAten-da-s%C3%A9rie-me-engana-que-eu-gosto), recibimos abundantes sugerencias y contribuciones. Necesitamos revisar nuestras leyes y nuestro comportamiento: la estupidez ha sobrepasado los límites.
Para ilustrar esta crónica, destacamos un envase de huevos en el que el envasador está obligado a escribir: “alérgicos, contiene huevos”. Por cierto, en Pascua, no se sabe por qué, el conejo parece poner huevos, y los envases acabarán viniendo con ese aviso. La fiscalización anda distraída y deja de hacer lo suyo y lo nuestro.
Brasil prohíbe los casinos, pero la lotería deportiva, el hipódromo, la lotería federal, los raspaditos y ahora incluso las millonarias “Bets”, sí están permitidos. Se puede ir a jugar a Uruguay y Paraguay, países con los que Brasil mantiene relaciones diplomáticas y comerciales y largas fronteras. Incluso se puede “jugar” en la bolsa de valores. Pero el casino, no.
Dicen que los cigarrillos producen cáncer y la publicidad aconseja insistentemente no optar por ese medio de suicidio. Se gasta una fortuna en eso. Pero no prohíben ni la importación, ni la fabricación, ni la venta. Otros medios de suicidio sí: se puede pasar hambre, contagiarse de enfermedades transmitidas por el agua por falta de saneamiento básico, morir en la fila del sistema público de salud, ser asesinado caminando en diversos lugares, tirarse desde un décimo piso, ahorcarse de una lámpara, ingerir veneno, etc., etc.
Por cierto, hay algo que no entendemos: si el sistema nacional de pensiones está en quiebra, supuestamente porque la gente vive más, ¿por qué esta preocupación por quienes quieren acortar su vida fumando y pagando impuestos? ¿O no será exactamente eso? Incluso se oye decir que los cigarrillos electrónicos no se pueden fabricar ni vender, aunque no está claro si se pueden “aspirar”. Parece el chiste del famoso “fumo pero no trago, quien trae es un amigo y yo le pido”.
Tampoco podemos dejar de registrar aquí el problema que tienen los vendedores de periódicos con los paquetes que llevan la advertencia “puede causar impotencia”, pues todos quieren solo los paquetes con la advertencia “puede causar cáncer” (confirmen con “don” Luis Antonio en el quiosco de la calle Evaristo da Veiga 22, en el centro de Río).
¿Y la “prioridad por ley” que los empleados aeroportuarios gritan en los aeropuertos? ¿Existen “prioridades sin ley”? Hay ascensores que dicen: “Prohibido fumar, ley nº 2448 de 1969”. Lo mismo en los medios de transporte (¿será la misma ley? Vamos a comprobarlo). ¿Y si alguien entra con el cigarrillo en la mano sin fumar? ¿Encendido se puede? ¿Apagado se puede? ¿Las leyes lo prevén?
Por analogía, ¿se puede portar un “arma de fuego”? Parece que se puede fabricar, importar, vender, pero “portar” solo con “licencia por ley”. ¿O solo no se puede disparar? ¿El revólver puede estar montado? ¿El arma automática cargada? Se oye decir que, en la práctica, es imposible comprar munición, pero en clubes de tiro sí se puede. Los delincuentes también “pueden o consiguen”, que viene a ser lo mismo.
¿Y la ley del silencio? El tipo se muda de Cambuquira a Copacabana porque es más animado y la monotonía de la vida tranquila le estaba afectando, pero llega a Copacabana y empieza a quejarse del movimiento y del ruido.
Conocimos a un militar retirado que vivía en la Rua da Selva, en Muda (entre Tijuca y Alto da Boa Vista), una calle sin salida que comienza en otra también sin salida (“cul-de-sac”, si prefieren, pero cuidado con la pronunciación). Cansado del silencio, de los pajaritos y del aire puro, compró un bonito apartamento en un quinto piso en Viveiros de Castro y, de las cuatro suites, eligió para dormir la única que daba a la calle. Todo iba más o menos bien, hasta que el bar de enfrente fue reformado y pasó a tener un guitarrista en la acera... Eso incomodó al exhabitante de la Rua da Selva hasta el punto de exigir al condominio que demandara al bar en una asamblea. El vecino de arriba, que no simpatizaba mucho con el militar retirado y viceversa, le preguntó por qué había elegido Copacabana para vivir.
El condominio entró en guerra interna y se acabó la alegre tranquilidad que solo los habitantes de Copacabana entienden, con Ejército, Marina y Fuerza Aérea de un lado, tres extranjeros que se habían mudado allí por su carácter exótico, extravagante y movido, del otro, y el resto del edificio fingiendo neutralidad por precaución, por falta de munición y por falta de moneda fuerte. Al final, un argentino con dos votos más de extranjeros fue elegido presidente de la comunidad, derrotando a nuestras fuerzas armadas “en el escritorio”, porque uno de los “oficiales” estaba en mora y no pudo votar: había olvidado pagar el condominio (o lo hizo a propósito), transformando el edificio en un problema de invasión extranjera y discordia entre las tres armas.
Bueno, para no entrar en el terreno de la política ni del derecho, donde las incoherencias y estupideces se exacerban, vamos a dejarlo aquí. Lamentablemente, tendremos que volver pronto, cumpliendo nuestra misión de facilitar el trabajo de los arqueólogos del futuro, registrando estas cosas, o nadie conseguirá reconstruir nuestra época, por increíble que parezca.
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería. Escrito el 15dic2019, R 28abr2025 Rc, 4.913 caracteres.




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