Vade Mecum, parte 3 Celso A. Melo y el comandante chino
- Miguel Fernández

- 7 jul
- 2 min de lectura
El profesor Celso también era memorable por su cultura general. Parecía conocer profundamente cualquier tema que abordaba o sobre el que se le preguntaba. ¡Qué facilidad para expresarse de forma culta y, al mismo tiempo, sencilla!
Se volvió inolvidable por un problema que planteó en una prueba y cuya respuesta, hasta hoy, no se conoce con certeza, porque todo va cambiando.
Valió por el ejercicio mental y por el mundo que nos abría de problemas potenciales y de la complejidad de cosas aparentemente simples:
Supongamos que un avión fabricado en los EE. UU., operado por Lufthansa (bandera alemana), haya despegado de Buenos Aires con destino a Londres y escala en Río de Janeiro, siendo el piloto titular (el comandante) un austríaco residente en Praga. Al hacer escala en Río, embarcan varias personas, entre ellas un matrimonio: él mexicano y ella colombiana y embarazada. En medio de la travesía del Atlántico, la colombiana da a luz asistida por un médico portugués que se encontraba allí por casualidad. Debido a ese imprevisto, el avión se ve obligado a aterrizar en Tenerife para que el niño sea trasladado a un hospital.
Se pregunta: ¿cuál es la nacionalidad del niño?
A_ ¿argentina? F_ ¿mexicana?
B_ ¿brasileña? G_ ¿colombiana?
C_ ¿austríaca? H_ ¿portuguesa?
D_ ¿checa? I_ ¿española?
E_ ¿inglesa? J_ ¿estadounidense?
El ejemplo puede servir para muchas otras situaciones. Supongamos que no hubiera sido un niño el que nació, sino una pelea entre dos pasajeros. Un robo. Una muerte. ¿Qué legislación se aplica?
¿Para un ingeniero acostumbrado a querer resolverlo todo con números?
¡Fue sensacional descubrir que había gente preocupándose por estas cuestiones! Que la civilización también consiste en eso.
El chino del título de esta crónica está ahí solo para que el lector se moleste con el escribidor.

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