Victor Nótrica y Enéas
- Miguel Fernández

- 3 jul
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Uno de los mejores profesores que tuve fue el profesor de Química Victor Maurício Nótrica, durante los tres años (de 1963 a 1965) del Bachillerato Científico en el Cap-FNFi y en el Curso Vetor (1965, por la noche, en Copacabana), preparatorio para los exámenes de ingreso a Ingeniería. Victor también era profesor en el Colegio Andrews y en el Curso Miguel Couto (preparatorio para los exámenes de ingreso a Medicina). Esos cursos preparatorios eran muy famosos (los llamados «cursillos») y reunían a los mejores y más dedicados profesores de la ciudad.
En el Vetor, además de Victor, recuerdo a Célio Pinto de Almeida (Geometría), Jorge Miguel Jorge (Matemáticas, quien años más tarde sería profesor de mis dos hijos en el Colegio Santo Inácio), Virgílio (Dibujo), Furtado (Física) y Alegnati (Física).
Pero, volviendo a Victor, no volví a verlo desde 1965 hasta 1997, treinta y dos años después, cuando cumplí cincuenta años. Lo busqué en la guía telefónica (de papel; en aquella época era así), lo encontré y lo invité a una reunión festiva que organicé. Asistió, lo que me alegró muchísimo. Desde entonces lo he visto algunas veces y hemos conversado sobre diversos temas. Es un apasionado de la enseñanza. En una de esas conversaciones registré una anécdota que intento transcribir a continuación:
Victor, de familia judía, estaba destinado por su madre a convertirse en médico (como ocurre con el noventa por ciento de los judíos). Sin embargo, quedó fascinado por su profesor de Química y, para gran disgusto de su madre, decidió estudiar Química en la Facultad Nacional de Filosofía.
En 1954, cuando Victor aún era alumno del último año, tenía un profesor de Química que también impartía clases en un cursillo preparatorio. Ese profesor enfermó y le pidió a Victor que lo sustituyera en una clase. Victor aceptó. Fue con miedo, pero fue.
En aquellos cursillos, las clases reunían alrededor de cien alumnos y la mensualidad era costosa. Después de todo, los mejores profesores debían estar bien remunerados para poder dedicarse plenamente a la enseñanza. Así, cuando el muy joven Victor se presentó ante el grupo, surgieron protestas. Victor se sintió incómodo y, sin experiencia y sin saber qué hacer, dudó antes de comenzar la clase.
El alboroto aumentó hasta que uno de los alumnos, de baja estatura, se subió a una silla y, con energía, exhortó a toda la clase a guardar silencio y asistir a la lección. Argumentó que, si el profesor había escogido a aquel joven para impartir la clase, era porque confiaba en él y que, en cualquier caso, en ese momento era mejor no perder el tiempo y aprender algo que seguir protestando, algo que siempre podría discutirse después. Él, especialmente, que había venido desde Acre para presentar el examen de ingreso a Medicina en Río, no podía darse el lujo de perder tiempo.
Ante el buen juicio y la lucidez de aquella propuesta, sumados a la firmeza del pequeño estudiante, volvió el silencio, la clase se impartió, la vocación de Victor quedó en evidencia y allí nació el profesor Victor.
Aquel pequeño estudiante acreano era el futuro cardiólogo Dr. Enéas, quien llegaría a ser profesor de Medicina y un reconocido y solicitado conferencista sobre electrocardiogramas en todo Brasil. Es el mismo del célebre «Mi nombre es Enéas», candidato independiente a la Presidencia de la República en tres ocasiones (1989, 1994 y 1998), sorprendiendo a todos por la expresiva cantidad de votos que obtuvo, por sí solo, en las tres elecciones.
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # 3.110 caracteres


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