A los míos y a los suyos (¿de aquí nada se lleva?)
- Miguel Fernández

- 19 nov 2025
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Actualizado: hace 4 días
En cada uno de nosotros hay un poco de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestros antepasados.
¿Qué es, para un padre, madre o abuelo, ver a un hijo(a) haciendo las mismas cosas que recuerda haber hecho? ¿Las mismas tonterías, los mismos gestos, los mismos descubrimientos, las mismas alegrías y las mismas tristezas? Es un placer y una preocupación, al mismo tiempo.
A veces parece que los hijos escuchan poco a los padres, que quieren aprenderlo todo por sí mismos; otras veces parece que son como nosotros mismos fuimos.
¿Los que escuchan más evolucionan más rápido? ¿O es al contrario? Difícil saberlo.
Escribí y reescribí este texto, para que sirviera de mensaje, en la graduación de dos nietos, en la secundaria (*A).
Dieciocho años de edad. Hace poco más de sesenta años, yo tenía esa edad. ¿Qué habrán pensado mis padres? (mis abuelos ya no vivían). Son ocasiones que nos llevan a filosofar...
¿Quiénes somos? ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos?
Entiendo que somos meros montones de ADN, reunidos al azar, llamados “personas”
¿Serán estos azares el “toque” de Dios? Soy de aquellos que creen en el azar Divino y en lo Divino del azar.
Somos una efímera reunión de ADN, luchando por sobrevivir, durante el tiempo que nos sea concedido, en esta nave espacial, llamada Tierra.
Comparto la visión del teólogo-filósofo-jesuita Teillard de Chardin (*01): “la humanidad se está mejorando, perfeccionando”, coherente con el amor, la colaboración, la ayuda, valorando el esfuerzo por mejorar.
Mucha presunción y arrogancia, de las “personas”, encarnación temporal de estos azares, al creer que son algo más que ese montón de ADN, para justificar sus frivolidades, sus egoísmos, porque “de aquí nada se lleva”.
El ADN no se va. El ADN permanece aquí. Sea en hijos, sea en sobrinos. Algunos conjuntos de ADN se preocupan por las “generaciones siguientes”, por lo tanto, por ellos mismos. Son los ADN que, al perfeccionarse, permanecerán.
No caigan en la historia de que “de aquí nada se lleva, por lo tanto vamos a gastar”. Probable “creación” de ADN que, por instinto o por astucia, quieren que los ADN de ustedes no compitan con sus ADN.
Aumenten su saber, su educación, su cultura y (¿por qué no?), sus bienes materiales. Sin radicalizarse en ningún aspecto.
Por obra de la Santísima Trinidad, en estos arreglos de ADN, mi ADN está presente en uno de ustedes de esta promoción. Deseo, para él y para todos sus compañeros, salud y alegrías en la vida, que es esta encarnación.
Que ustedes también puedan ayudar nuestros ADN a perfeccionarse y, cuando también tengan hijos, sobrinos y nietos, donde estos ADN todavía estén, recuerden sus responsabilidades.
Una excelente forma de ayudar es dando buenos ejemplos. Si no tienen hijos, sus ADN también estarán por ahí, de alguna manera, y los ejemplos funcionarán.
Mantengan la cabeza erguida, pero sin arrogancia.
Tengan ambición y voluntad de conquistar el mundo, pero con cuidado y respeto hacia los demás.
Sean creativos, proactivos y tengan iniciativa.
No se acomoden con lo que reciban de sus ascendientes.
Sean intrépidos, pero con sentido común.
Actúen con entusiasmo, pero con cautela,
con firmeza y dureza, pero con cariño y con ética,
sobre todo, con amor.
No el amor sentimental, ni el beato, ni el carnal, ni el protocolario fingido, sino el amor que Jesús nos enseñó.
Que no es fácil, pero sin ese amor, nada vale la pena.
Sin el amor y sin Él, nada se construye, nada se perfecciona.
No el amor a su persona, sino a los demás y, principalmente, a su ADN.
Es el amor eterno.
Gracias a Él, la humanidad viene, visiblemente, perfeccionándose.
¡Buena suerte a todos los graduandos!
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería,
(*A) en 2024 y en n2026, de la escuela OLM-Rio (Our Lady of Mercy - Rio de Janeiro)


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