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Supervivencia

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • hace 4 días
  • 2 min de lectura

Era 1966 y Carlos, mi colega del gimnasio, había pasado el examen de ingreso de ingeniería en su primera opción. Necesitando trabajar para ganar su dinerito, todavía en 1966 hizo un concurso para ser funcionario público en importante organismo de la Unión, recién creado, en el sector financiero, y pasó. “Organismo” nuevo y rico, todo estaba siendo comprado, construido, instalado, contratado. El personal inicial era todo prestado / transferido por otro organismo.

Como estudiante de ingeniería, buscó ser “asignado” a la “División” más afín, encargada de esas cosas de compras, construcciones, reformas, papeles, equipos, etc. La “División de Patrimonio”.

Todos eran escribientes y, conforme el tiempo de servicio, Letra A, Letra B y así sucesivamente y un crecimiento vegetativo del salario. En paralelo, ocupaban cargos, dichos “en comisión”. Cuando alguien entraba en vacaciones, o quedaba vacante un cargo, había una reacción en cadena y todos acababan recibiendo más por ocupar puestos superiores en la jerarquía. Como el organismo era nuevo, a veces más de un puesto arriba.

Creo que fue a fines del 67 o inicio del 68, al sustituir a un superior en el sector de compras, atendió a un proveedor y, en el entusiasmo juvenil de ocupar una “jefatura”, inadvertidamente, dijo que estaba sustituyendo “para todos los efectos”.

El emisario del proveedor, aparentemente también un “principiante”, acabó entregando unos valores. Cuando ambos se dieron cuenta, habían cruzado una línea peligrosa.

Con eso, Carlos fue promovido a un cargo jerárquico bastante superior, pero transferido al almacén. Pasó a tener estacionamiento (el almacén quedaba fuera del centro) y hasta tiempo para estudiar, pues daba cuenta del servicio en ¼ del tiempo disponible. Acabó siendo muy bueno para él y ayudó para algunas decisiones de vida.

Por esas y otras, y porque lo que realmente quería era ser “ingeniero”, decidió pedir “licencia-sin-sueldo” para ser pasante en una gran firma de ingeniería. En la segunda vez, aunque constreñido por la madre, pidió dimisión.

Me consta que su madre, que llegó a llorar, le dijo:


_ no hagas eso, tú no sabes lo difícil que es ganarse la vida, sobrevivir. Ahí estás seguro para siempre, eres funcionario público y bien remunerado.


Optó por no dar oídos a la madre y encaró el mundo.

Optó por la vida y por la producción, no por la espera de la jubilación. Aparentemente el de allá arriba se apiadó de él y todo salió bien. Nuestro amigo fue una persona de suerte en la profesión y en la vida. Sobrevivió y vivió con mérito. Suerte ayudada por el trabajo y por el ángel-de-la-guarda. Como no decepcionó al ángel, el ángel no lo abandonó.


Remember: Vernon, Paul, Ramiro, Norton, Prochet, Benoliel, etc.
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # 1967 BC Rb, 2.325 caracteres
 
 
 

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