"Siento, obligatorio", sobre prohibiciones, obligatoriedades y libertades
- Miguel Fernández

- hace 4 días
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En el primer semestre de 1989, en el Jornal do Brasil, el genial Millor Fernandes venía abordando el asunto "Cinturón de Seguridad", de manera que además de defender la no obligatoriedad del uso del cinturón parecía avanzar hacia la defensa de la no utilización, lo que a mi modo de ver volvía la posición poco sostenible.
Pero he aquí que surge un señor llamado Robert, residente en Río de Janeiro, en carta publicada en el JB del 02jun89, identificándose como presidente de una multinacional (pero sin identificarla), que dio a conocer una novedad preocupante: "exige como condición de empleo o contrato, el uso del cinturón de seguridad", mientras critica a Millor de forma inconsistente.
Ahora bien, estaba allí un excelente tema para investigación periodística que el JB y Millor dejaron pasar. ¿Será?
¿Qué más exigirá el señor Robert para "conceder" empleos o contratos en "su" multinacional, tan preocupado con la seguridad de los "empleados, familiares y personal contratado"?
¿Uso de anticonceptivos? ¿Limitación del número de hijos? ¿Alimentación estandarizada? ¿Vivienda y escuelas dignas para todos sus "empleados, familiares y personal contratado"? ¿No pasar hambre? Tengo curiosidad.
¿Habrá, en sus contratos de trabajo, límites para esfuerzos físicos y mentales? ¿Límites para no tener "stress" y morir antes de un accidente de automóvil? ¿Sería lamentable morir antes de tener un accidente de coche con un cinturón que lo protegiera, probando las tesis del Sr. Robert?
Ciertamente no se podrá fumar en la empresa "del" Sr. Robert, ni alimentarse con comidas grasosas o usar bebidas alcohólicas. Pasar más de un año sin vacaciones o hacer horas extras, aunque la empresa lo necesite, ni pensarlo, tan preocupado está el Sr. Robert con la vida de sus "empleados, familiares y personal contratado".
Además, ¿por qué habrá el Sr. Robert diferenciado "empleados" de "personal contratado"? ¿Castas? ¿Esclavos?
Nada contra las multinacionales: suministran mi cigarrillo, mi scotch, mi alimentación (¡los colesteroles de MacDonalds!), que fumo, bebo y como cuando quiero, y no fumo, no bebo y no como cuando no quiero.
Las multinacionales como las del Sr. Robert suministran además los coches y los combustibles contaminantes. Los mismos coches sin los cuales no estaríamos aquí filosofando en función de si los cinturones de seguridad deben o no ser obligatorios....
Ahora, personas como ese señor, independientemente de nacionalidad y empleador, que quieren obligar a los demás a cumplir rituales originados en sus verdades y sus "neuras", incomodan porque dan la sensación de querer quitar nuestras libertades individuales. Profesores de Dios.
Libertades individuales, que no afectan a nadie más allá del interesado, son libertades sagradas. Y estamos asistiendo a cosas como esa de los cinturones de seguridad y de la campaña contra el cigarrillo que demuestran las tesis de Goebbels en Alemania y de Orson Welles en los EUA: con los medios y la "propaganda" se consigue manipular al colectivo, sea para el histerismo, sea para el ridículo, sea para el bien y sea para el mal. Los linchamientos, físicos o morales, solo ocurren con grupos sintiéndose en mayoría (aunque no lo sean). Es la psicología de las multitudes, estén aglomeradas en plazas, o dispersas en diversas residencias pero asistiendo y oyendo al mismo locutor o al mismo mandante, resultando en comportamientos "de bando", "de manada" que me dan miedo, sea cual sea el pretexto.
Mal comparando, pero apenas para exponer el absurdo, parece que van a terminar queriendo prohibir a los suicidas suicidarse. ¿A qué distancia estamos de la "República de los Bichos" de George Orwell?
¿Será que el señor Robert extiende sus convicciones y preocupaciones también a sus clientes? ¿Ya pensó? "Si el cliente no se pone el cinturón o no se cepilla los dientes por la mañana, no le vendo"...
¿Qué tal si el señor Robert identifica su empresa, para que podamos conferir la coherencia de sus preocupaciones?
Reaccionemos contra esos que nos quieren encadenar. Domesticarnos. Condicionarnos. Comienzo a entender mejor a Millor: "vamos a comenzar a defender el no uso del cinturón al menos para equilibrar las cosas".
Mientras tanto: yo uso cinturón de seguridad, por convicción, pero defenderé (no hasta la muerte, que no es para tanto) el derecho de quien no quiera usarlo a no usarlo. Hasta porque el mundo está muy lleno y unas muertitas más pueden hacer bien al planeta.
Pero tal vez esté más cerca el día en que estaremos todos "rastreados", dotados de cinturones, anteojeras, arreos, sillas de montar... y felices por estar en la boyada, en el cardumen, en el rebaño o séquito... quien viva verá.
Jun1989, Miguel Fernández
Río de Janeiro, en carta al Jornal do Brasil, en junio 1989, nunca respondida, ni publicada.
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en jun1989, 9.054 caracteres
Obs. en 2020, reuniendo material que había escrito y guardado a lo largo de la vida, encontré este texto, busqué en "google" y supe que ese Sr. Robert (Robert A. Broughton, estaba en el recorte de periódico guardado) era el presidente de Shell en Brasil, justo Shell, que ganaba dinero quemando carbohidratos y perjudicando nuestros pulmoncitos.... y anunciando en el Jornal do Brasil. Aproveché para cambiar un poquito el título de la crónica... era Cinturón de Seguridad...

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