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Bidé & Civilización

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 17 abr
  • 9 Min. de lectura

(Sobre el bidé, o “introducción al estudio del bidé”)


El curso de ingeniería civil tenía una asignatura llamada “Higiene Predial”, también conocida como Instalaciones Prediales (IP) o algo así. Es ese tema que trata de las tuberías de agua, de alcantarillado sanitario, de drenaje pluvial, de gas, en una edificación. Muchos dirán: ¡pero qué tema tan insípido!

Sin embargo, si tenemos en cuenta que pasamos buena parte de nuestras vidas en el baño (y en la cocina), veremos que se trata de un asunto importantísimo. Leer un libro sentado en el trono de un apartamento, con la boca abierta, llena de dientes, esperando que llegue la muerte (Raul Seixas), es mucho más complejo y profundo que leer el mismo libro o revista en el sofá de la sala.

Si consideramos además que algunos períodos pasados sobre o bajo las “instalaciones prediales” son de máxima importancia, ya sea por la urgencia, por el alivio o por los esfuerzos filosóficos (corrector, es filosófico mismo, por favor) a los que somos llevados en ciertos momentos de impasse fisiológico, no es una materia despreciable ni insípida, ni inodora, estemos de acuerdo.

¿Y los momentos inconfesables de los adolescentes encerrados en los baños? De ellos y de ellas, no me vengan con prejuicios. ¿Cuántas revistas manoseadas? ¿Cuántas Playboy, cuántas Ele&Ela, cuántos Carlos Zéfiro?

Volviendo a las clases de IP, corría el año 1969 en el curso de ingeniería de la UFRJ, en la Ilha do Fundão, y el profesor era el ingeniero Nestor de Oliveira. Para él, el mundo estaba dividido en tres grupos: Europa, los EE. UU. y “los otros”. ¿Y cómo caracterizaba esos grupos? Por la existencia o no del accesorio de baño, hecho de porcelana, llamado “bidé”.

Según su peculiar punto de vista, los EE. UU. eran un país “sin bidet” (afrancesando la pronunciación), condenado a ir de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización, lo que quedaba demostrado por la falta de adhesión a la costumbre europea del uso del bidé. Pasados 50 años, me doy cuenta de la excepcional agudeza que tenía Nestor para observar esa perla de la antropología. Y no soy el único que lo recuerda: el colega José Soares de Matos Filho (Zé do Jippe) también lo recuerda. Y las dos películas hechas alrededor del año 2000 por Denys Arcand (Invasiones bárbaras y La caída del Imperio) corroboran la perspicacia, la premonición de Nestor.

Efectivamente, los motivos por los cuales no se usa “bidet” en los EE. UU. son irrelevantes, pero dieron origen a que las normas estadounidenses excluyeran el “bidet” del territorio que va de México a Canadá, incluyendo Alaska y Hawái: una remotísima posibilidad teórica de “conexión cruzada” con la red de agua potable, creo que nunca demostrada en la práctica, especialmente en bidés con duchita (chorro vertical ascendente). Solo cuando y si se usara para inmersión, a la antigua, como una palangana, podría haber un reflujo hacia la tubería de agua potable. En la práctica, pura paranoia.

También parece que fue por esa época (años 1970) cuando comenzaron a surgir las incómodas “duchitas higiénicas” como paliativos. En realidad, un argumento para vender una cosa tosca como refinada y acabar con los bidés, reduciendo costos de construcción. Quiero ver a alguien conseguir manejar bien una duchita (en la punta de una manguerita, sosteniéndola con una mano, dentro del inodoro. ¿Entra por dónde? Operación cuanto menos confusa). Nada contra las duchitas, que son excelentes para ayudar a limpiar el inodoro cuando la porcelana queda con residuos de las heces más aceitosas. Existe además un “artilugio”, dicen que de patente japonesa, adaptable a los inodoros convencionales, que es una chapuza abatible, con una duchita en el medio. También merece registro un accesorio sanitario metálico que parece una boquilla de lavabo, presente en muchos hoteles alrededor del mundo que quieren agradar a tirios y troyanos, verdadero bidé “Frankenstein” destinado a servir de palangana y a lavar calzoncillos, calcetines y bragas de los viajeros (otros usos más fálicos deben de ser inviables por la reducida longitud de la boquilla). Son mejores que nada, pero no sustituyen a los verdaderos bidés en su plenitud, tratándose de meros engaños, como veremos más adelante.

Que los pudorosos me perdonen el tema, pero no resisto divagar sobre él: ¿cómo clasificar a las personas y a los grupos según el uso o no del bidé, la forma de usarlo, de sentirlo? En fin, un tratado del tipo “to bidêt or not to bidêt”.

Para ello, vamos a darle un carácter científico y sistematizar nuestros estudios y observaciones, de modo que podamos ser llamados “respetado científico” por la gran prensa.

Etimología e impacto ambiental: preliminarmente, el colega y amigo Ing. Químico J.E.W.A. Cavalcanti, con posposgrado en el asunto, informa que la palabra viene del francés arcaico y tiene que ver con la posición de montar para “trotar”. Como su apellido sugiere cabalgar, no vamos a discutir este punto. La información queda aceptada como fidedigna. Cavalcanti informa además que investigó e hizo unos cálculos, concluyendo que se gasta más agua para hacer papel higiénico que para un uso convencional estándar de agua para limpiar el trasero en un bidé (estimó en 50 litros por vez) y que, adicionalmente, dada la economía de papel higiénico que los bidés pueden proporcionar, si los EE. UU. adoptaran el uso del bidé, podrían ahorrarse anualmente 15 millones de árboles (atención, lector: “anualmente” no tiene nada que ver con “ano”, aunque el asunto ronde ese territorio). Imaginen lo que Europa va a hacer o decir cuando sepa de esta Amazonia devastada por “anos y años” por el no uso del bidé. Puede generar un conflicto seriísimo. ¡Mira qué cagada!

Planteado esto, la cuestión puede organizarse en dos grandes grupos: en cuanto a la POSICIÓN de uso y en cuanto al OBJETIVO del uso.

01_ En cuanto a la POSICIÓN de uso: Percibimos a lo largo de los estudios e investigaciones para elaborar este documento que, básicamente, hay cuatro “posiciones”:

01.01 La persona queda DE FRENTE a la pared y a las válvulas (grifos) de operación.

01.02 La persona queda DE ESPALDAS a la pared y a las válvulas (grifos).

01.03 La persona queda de pie, una pierna a cada lado del bidé, contando con un chorro de agua adecuado y calibrado para alcanzar al interesado o a la interesada en el lavado o en el masaje. No sabemos si la psicología ya lo ha clasificado, pero es intrigante. Como parece implicar cierto exhibicionismo, no se sabe si también se usa a solas, aunque a Narciso le bastaban los espejos. Es posible que los conservadores, sabiendo esto, quieran clasificar el hecho como desviación de carácter y que la posición llegue a ser prohibida por ley.

01.04 La cuarta posición es, digamos, involuntaria, pero altamente eficaz: la persona llega exaltada, con rabia contra el mundo y, antes de sentarse o posicionarse, abre de repente uno de los grifos de agua, sin advertir que la válvula del medio, que desvía el agua, está abierta hacia la duchita, y ¡sorpresa!, recibe un fuerte chorro en la cara. Si el chorro es de agua fría, la persona se calma al instante. Creemos que de ahí viene la expresión idiomática “quédate frío”. Un amigo nuestro presenció un evento de esos y comprobó que, con público, tiene gran potencial humorístico (especialmente con excompañera, según él). Solicitamos que otros investigadores/observadores nos cuenten el resultado con agua caliente o tibia.

Nótese que la persona, al usar el bidé, tiene la opción de:

A_ usar la ropa “remangada”, es decir, solo bajarse los pantalones, bragas o calzoncillos;o

B_ desvestirse de la cintura para abajo, quitándose o no los zapatos; o bien

C_ desvestirse por completo.


El uso de pantalones restringe las alternativas posibles, pues parece impracticable combinar la “posición 1” con la alternativa A, por ejemplo. Cada uno debe evaluar sus posibilidades acrobáticas, el lugar en el que se encuentra (¿suelo limpio?), el tiempo de que dispone, etc.


02.02_ Para la finalidad TERAPÉUTICA

02.02.01_ Hemorroides y similares: parece que desde la invención del bidé, este sirvió también para, usando agua tibia, aliviar el sufrimiento de quienes las padecen. Para eso bastaban los bidés primitivos, sin chorro de agua, funcionando como palanganas (con o sin aditivos farmacéuticos, químicos o fitoterapéuticos): la persona llena el bidé casi hasta el borde y, al sentarse, apoya el ano en el agua caliente sintiéndose aliviada.

02.02.02_ Irritaciones y similares: es irresistible recordar que en la región del Pantanal hay un sabroso pez llamado pacú, anunciado en los menús de los restaurantes de Mato Grosso como “plato de Hipoglós” (pacú asado). Testigos oídos por nuestros especialistas (Ing. Alan) contaron que, precedido de un baño en el bidé, ya sea como palangana o con duchita, adecuadamente caliente, la famosa pomada Hipoglós hace mejor efecto. Queda el registro y la recomendación para quien se exceda con el picante y/o con el rascar, el rozar o el introducir.

02.02.03_ Menos sorprendente que lavarse los pies en el bidé es sumergirlos en agua con aditivos químicos o fitoterapéuticos para combatir sabañones, pie de atleta, hongos, mal olor, etc. Estando el bidé al lado del inodoro, el usuario se sienta en el inodoro y hace todo eso con comodidad. Cualquiera puede hacer esto, aunque no use el bidé para los fines para los que fue concebido. Incluimos en esta clasificación actividades de apoyo para los pies, como cortarse las uñas, pintárselas, etc.


02.03_ Para la finalidad SENSORIAL: La clasificación exige atención y creatividad cartesianas por parte de los investigadores, algunas independientes del género, otras más hacia acá, otras más hacia allá. En principio constatamos dos grandes subgrupos (con variantes): CONFORT y PLACER.

02.03.01_ CONFORT: es innegable la sensación de confort de un chorro de agua en la región del perineo, ya sea en los orificios o en el tramo entre ellos. Especialmente si es tibia en un día frío o fría en un día caluroso. Confort y “relax”. Un hidromasaje. ¿No lo has probado? ¡Entonces no sabes nada!

02.03.02_ PLACER

02.03.02.a_ Masoquismo: tuvimos acceso a relatos de que un chorro fuerte de agua en el trasero, dependiendo del grado de masoquismo y de la relevancia erógena de la región (¡cada uno es cada uno!), puede pasar fácilmente de curiosidad a vicio. Con pasteurización y todo, pasando de fría a caliente y volviendo... Las personas son muy creativas. Dejamos abierto este campo de investigación para otros investigadores. Añadimos aquí la colaboración de un arquitecto amigo de este cronista (hola, Adir): “el ano es un orificio que va mucho más allá de sus funciones fisiológicas; es una zona del cuerpo plena de deseos (in)confesables, según el caso, como ya decía el viejo Freud”.

02.03.02.b_ Complementaciones. Dicen que “comer y rascar es solo empezar” (y vaya triple sentido...). Entonces, en el poscoito, cuando la persona implicada (e interesada) se agacha en el bidé para lavar el territorio de la contienda sin haber terminado (ganado) aún la partida y, en ese chorrito templado (lo tibio es para otros fines), empieza a tocar o “teclear” la región, llegando a completar allí las sensaciones apocalípticas a las que tiene derecho. O bien, habiendo lastimado el territorio en contiendas más salvajes, necesita higienizarlo y calentarlo por allí.

02.03.02.c_ Masturbación pura: aunque parezca que hay lugares mejores para ejercer el ritual, sea cual sea, un amigo nuestro nos contó que, en cierta ocasión, todavía soltero, fue llamado por la vecina para socorrer a la nieta (también soltera) que se había desmayado en el baño y que, acudiendo a la escena del crimen, constató que era perfectamente compatible con el uso del bidé para, con ayuda del agua templada, alcanzar el orgasmo. En ciertas personas, circunstancias e intensidad, lleva a la pérdida de los sentidos... Incluso dicen que eso tiene un nombre en medicina. Por el lado de la abuela, quedó para siempre la duda sobre los verdaderos propósitos al pedir al vecino que acudiera y sobre su inocencia. O sabiduría. Los dos pasaron a relacionarse con empeño (como ya decía la abuela del compositor Erasmo Carlos: “antes mal acompañado que solo, aunque sea yo, yo, yo...”; escuchen la letra, vale la pena).


Cerramos esta crónica-disertación-de-maestría esperando haber registrado un tema técnico-cultural de nuestro tiempo, poco abordado. Y haber estimulado a otros curiosos e investigadores a que se sumen a nosotros en la investigación y difusión de temas importantes y descuidados por cursilería.

El motivo inicial de la crónica era escribir sobre un profesor de ingeniería para formar un libro sobre el asunto. Decidimos hablar de alguno de los profesores no “vedettes”, no exhibicionistas, que, sin enseñar las materias consideradas más importantes o aterradoras, marcan a sus alumnos por su cultura general, razonamiento lógico, inteligencia, sutileza, honestidad y amor por lo que hacen.

Y pasamos a merecer un título académico, al menos de MSc, por la originalidad y relevancia del tema y por el esfuerzo. Muchos “maestros” y “doctores” llegaron a esos títulos por mucho menos: por cofradías, por necesidades de la burocracia salarial o, lo más frecuente, por falta de opción.



Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en sep-dic 2010, R 22jun2021 Rh, 7.960 toques





 
 
 

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