top of page
Buscar

Celos Étnicos 4, Andinos

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Alrededor de 1990 me involucré en el proyecto de la nueva aductora de agua para La Paz (Hampaturi a Pampahasi), habiendo ido a Bolivia unas 15 a 20 veces.

Una “visa” de trabajo llevaba meses, y era una burocracia enorme. Conclusión: viajábamos todos (europeos y brasileños) con “visa de turista”, que solo valía para una entrada. Quien iba mucho solía tener problemas en “inmigración”.

Nuestro contacto allí usaba unos “gestores” que daban cierta “cobertura” en el aeropuerto. El personal de la aduana, al mismo tiempo que hacía la vista gorda para no entorpecer los negocios, al no encontrar nada, se irritaba. Creo que el supuesto era que uno iba a “llevar un polvo”, lo que elevaría el “peaje”.

Como fui uno de los que más viajaba para allá, terminé siendo el primero en tener problemas. En una de las llegadas, el encargado miró el pasaporte lleno de entradas en La Paz, llamó a un joven policía y me encaminó a una tal “sala 11”, en una esquina de la terminal del aeropuerto, igual a las de muchas películas del género “Expreso de Medianoche”.

Después de un buen rato allí, esperando, empecé a pensar que la burocracia para la visa de trabajo habría sido más sabia. Finalmente entró el “inquisidor”, un tipo típico en cualquier lugar del mundo, creo que ellos también ven las películas e incorporan los personajes. Sargento Hurtado, se llamaba. Se sentó en la única silla, en una mesa tipo pupitre escolar, y mirándome a la cara con una sonrisa de “te agarré – dependes de mí” preguntó:

¿Qué tanto vienes por acá? ¿Comercio?

Sin decirle nada a nadie, tontamente, había inventado una trama “brillante” para explicar por qué iba tanto a La Paz:

— Es que tengo una “novia” acá.

Cara de sorpresa e irritación de Hurtado. Leyendo sus pensamientos (lo que yo no esperaba):

— “Este brasilero está viniendo aquí a comerse a nuestras mujeres y encima se queda riéndose en mi cara. Voy a joderlo”.

Me arrepentí de la historia en el acto, pues no había previsto ese sesgo, pero no había cómo volver atrás.

— ¿Dónde está la “noviecita”? ¿Esperando en el aeropuerto?

El aeropuerto de “El Alto”, muy pequeñito y con pocos vuelos por día, por la demora ya debía estar desierto.

— La novia es casada, yo soy casado y de eso no puedo hablar.

Cara de más sorpresa y más irritación, esta vez aumentada con curiosidad desconfiada. No lo dijo, pero se podía percibir: ¿sería su mujer o su hija?, ¿la hermana?, ¿la vecina? Entonces dijo:

— Voy a llamar al consulado y a la embajada brasileña ahora aquí y a extraditarlo hoy mismo.

— Por favor, no haga eso, puede traerme muchos problemas.

De repente todo cambia, él interpreta que mi amante era de la embajada, luego también brasileña y, ya con cara de complicidad, dijo:

— ¡Ah! ¿Es brasileña también?

Entré en el juego.

— Es una situación muy delicada, ¿qué puedo decir? Póngase en mi lugar, ¿qué haría?

— Sonrisa amplia, ya gorroneando un cigarrillo de mi paquete y conduciéndome hacia fuera con cara de viejo amigo y cómplice: "Nosotros los fumantes debemos ser unidos, bienvenido, ¡que aproveche!"

¡Increíble! ¡Increíble! A partir de ese día los funcionarios del aeropuerto me conocían, me miraban con admiración, con sonrisas cómplices, me hacían pasar como VIP, solo faltaba que aplaudieran. Sabiendo lo que era, me quedaba completamente incómodo. Creo incluso que me sonrojaba. En fin, la vida sigue.

Un año después y muchos viajes y pasos por “El Alto”, en un bar de La Paz, por la noche, estando con el grupo de SAMAPA (Aguas de La Paz), me crucé con el Sargento, que conocía a mis amigos. Estábamos todos ya un poco “altos” (sin juego de palabras, por favor). Hechas las aclaraciones, nos reímos mucho, pero mira su comentario:

— Como en el aeropuerto todos se enteraron de la historia, siempre que el personal de la embajada brasileña pasa por el aeropuerto nos quedamos observando y concluimos que el embajador tiene cara de cornudo mismo. Si no eres tú, alguien además del marido se está comiendo a la embajadora con certeza.

Que el embajador de entonces me perdone. Si es el caso...



Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito el 09sep2019 R2026eneRa, 3.823 caracteres.
 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
CUOTAS 1

Como mínimo 50,02%(?) de mujeres, 15,92%(?) de afrodescendientes, 9,15%(?) de homosexuales, 26,8% de cristianos y 49,5% como máximo, como mínimo 7,5% de personas con dificultades de locomoción o de ve

 
 
 
Cosmopolitas

Eran los primeros días de 1988 y estoy en Paramus, New Jersey, en la casa del amigo LGoldblatt. La víspera habíamos tenido una reunión en LouisBerger Consultants y hoy me llevaría hasta EastNorthport,

 
 
 

Comentarios


  • Instagram
  • Imagem1
  • Google Places - Círculo preto
  • Facebook Black Round

© 2019 Espº Miguel Fernández y Fernández

bottom of page