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Colegas, colegas, negocios aparte

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Creo que fue alrededor de 1980. Ahora ya no me acuerdo con certeza.

Petrobras lanza una licitación para la instalación de correntógrafos en la entonces recién iniciada cuenca de Campos.

Toda licitación establece día, hora y lugar para la entrega de las propuestas. En este caso era un día cualquiera de semana, a las 14 horas, en el edificio Serrador, entrada por la calle Senador Dantas (donde hoy está la entrada del Hotel Windsor). Ese edificio tiene unos 30 pisos y cada piso muchas salas, y Petrobras lo había alquilado hacía poco tiempo para atender la expansión de sus negocios. Había un final de reforma en todo y los ascensores todavía estaban funcionando de forma algo precaria, lo que ocasionaba filas.

El día fijado, las empresas interesadas se dirigen todas a la sala de reuniones indicada en el pliego y necesitan entrar en la sala antes de la hora establecida, bajo pena de descalificación (aunque la comisión de licitación quiera ser tolerante, siempre hay competidores que impugnan a los retrasados).

Pero, como todos saben, una propuesta de servicios de ingeniería que se respete solo queda lista a última hora. Si queda lista antes, alguien va allí a perfeccionarla y, listo, solo queda lista a última hora.

IESA (Internacional de Engenharia) resolvió participar. La propuesta quedó lista tan a última hora que fue llevada por los dos ingenieros encargados en la motocicleta de uno de ellos. Al llegar frente al edificio Serrador, para no perder tiempo, el de atrás bajó con los sobres de la propuesta (sobre 1: documentación, sobre 2: propuesta técnica, sobre 3: propuesta de precios) y fue subiendo a la sala, digamos 1214. El otro, el “motociclista”, fue a estacionar la moto. Cuando el motociclista llegó al vestíbulo del Ed. Serrador, entró en la fila mirando el reloj, faltaban 90 segundos para la hora y pensó: el colega ya subió y entró en la sala, él también tiene poder de representación de IESA, misión cumplida.

En eso, llegan jadeantes un grupo de ingenieros de PROMON (una de las competidoras de IESA). Llega el ascensor y entran todos en el mismo ascensor. En eso uno de PROMON se vuelve hacia los otros y pregunta: ¿cuál es el piso? ...... colegas, colegas, negocios aparte: el de IESA responde: yo también voy: sala 2114.

Hasta que encontraron el piso correcto y la sala, bajando por las escaleras, venció el plazo, PROMON no participó y hasta hoy quedó la duda: ¿el ingeniero “motociclista” se equivocó de verdad o lo hizo a propósito? Creo que el personal de PROMON nunca creyó en la inocencia del colega de IESA, pero ¿qué se le va a hacer? Como se dice hoy, “perdiste, playboy”.

IESA ganó e hizo el servicio. Pero como debe de haber habido “mala suerte”, dio pérdidas. Se perdieron misteriosamente unos 5 (cinco) correntógrafos en los primeros meses, hasta aprenderse, en la práctica, cómo amarrarlos y recuperarlos (a diversas profundidades, hasta 1.200 m). Cada correntógrafo valía cerca del valor de un coche mediano nuevo, además de los costos de colocar, retirar, hacer informes, mantenimiento, etc.



Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en R2026eneRa, 2.936 caracteres.
 
 
 

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