Congresos 1972, Paraguay, AIDIS
- Miguel Fernández

- hace 2 días
- 5 Min. de lectura
El 13º congreso de AIDIS (Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria) fue en Asunción, Paraguay, en ago1972. Como es bienal, significa que esa asociación existe, por lo menos, desde 1946. ¡Vaya tradición!
Ir a un congreso de su profesión es un objetivo atractivo e interesante, sobre todo para los recién graduados, los principiantes. Si el congreso es internacional, entonces el atractivo aumenta mucho. El problema son los costos.
En aquella época, São Paulo tenía un osado programa de Saneamiento Básico, tanto por el monto como por la organización institucional imaginada:
>> existía la COMASP, para producir agua tratada y suministrarla, al por mayor, a los municipios de la RMSP y que construía el sistema Guaraú (+33m3/s!) y el SAM - Sistema Adductor Metropolitano,
>> existía la SANESP (ídem COMASP, macro para alcantarillados al por mayor),
>> existían la SBS, el FESB, el DAE, en fin, hoy todo junto en SABESP.
Había muchos recién graduados y, en esa “joven guardia”, muchas ingenieras. Eso es digno de nota pues, hasta entonces, la ingeniería tenía poca presencia femenina. Entre ellas, tres queridas y competentes colegas de SANESP: Tônia, Lúcia y Cecília.
Para ir a ese congreso, en Asunción, ellas imaginaron un grupo en dos coches (en aquella época significaba dos “escarabajos”), 3 personas en cada coche, como forma económica de dividir gastos, con espacio para equipaje. Incorporaron a dos amigas del área de medicina: Maria y Glória.
Como solo mujeres andando por ahí era (y todavía es) complicado, Gaspar, ingeniero recién graduado, trabajando en COMASP, fue contemplado con la invitación para ir con ellas y aceptó el “sacrificio” de ser el hombre del grupo. Seis jóvenes solteros, en la flor de la edad, siendo 5 mujeres.
Saliendo de São Paulo, para llegar a Asunción en coche, eran (y son) por lo menos dos pernoctaciones y Foz do Iguaçu y Ciudad del Este, en el camino, piden una parada de un día entero cada una. Luego, eran necesarios 3 días para ir y 3 días para volver. El grupo de los seis, por economía, pernoctaba en habitaciones dobles, Gaspar haciendo rotación con las muchachas para no caracterizar “acoso” (ni preferencia) y mantener la libertad.
Todo salió bien, fueron, volvieron y permanecieron todos(as) amigos(as). Años después, en el congreso de Belém (1989), Cecília, una linda nisei que infelizmente ya no está entre nosotros, seguramente la más alegre y extrovertida de los seis, bromeaba diciendo que Gaspar no cumplió bien con las obligaciones en aquella rotación, refiriéndose a una de las colegas del grupo que salió del armario y, según consta, hasta hoy, con hombre, solo durmió en el mismo cuarto con Gaspar. Pero esas son otras historias que no da para contar por escrito.
Por cierto, falta un paper o una tesis de maestría para explicar por qué los congresos son tan, digamos, afrodisíacos.
El congreso tuvo lugar en el entonces recién inaugurado Hotel Guarany (HG), todavía hoy (2017) un magnífico edificio y hotel-casino.
Ya en el primer día, circuló la noticia de que, cerca del HG, había una casa de espectáculos con buenos músicos (destaque para las arpas paraguayas), con el punto alto siendo un imperdible “show” de striptease en el cual participaba una gran serpiente que se enroscaba en la stripper guarany.
El éxito era tanto que había que comprar entrada anticipada. Colaboraba para el éxito de la “casa” los atendimientos, digamos, no convencionales disponibles. Era un local amplio, todo en “lusco-fusco”, con unos pocos escalones más iluminados por donde se bajaba al salón, buenas instalaciones, aire acondicionado (en la época casi un lujo), el whisky “legítimo” (nadie se quejó de dolor de cabeza), o sea, circuló que la relación costo-beneficio valía la ida. Gaspar, aunque tan requerido, no resistió la curiosidad y consiguió una entrada para el tercer día. Pero solo para él.
Las cinco colegas se entusiasmaron y también quisieron ir a ver cómo era. La intuición de Gaspar hizo que se negara a acompañarlas a aquel “antro” que ni siquiera conocía todavía.
Se formó un grupo de cuatro solteros, solo de COMASP (Gabriel, Paulo, Domingos y Antonio). Al entrar, a pesar de la poca iluminación, percibieron que ya conocían, al menos de vista, a más de la mitad de los allí presentes. En los congresos, además de los solteros y de los casados acompañados, siempre hay muchos casados(as) no acompañados(as).
El recinto estaba lleno. Cada mesa para cuatro tenía 6 personas, invariablemente una o más señoritas insinuándose. En realidad, de cada 10 hombres que van a esos lugares, 8 no hacen nada por los más diversos motivos (algunos por fidelidad, otros por miedo a enfermedades, por el costo, en fin...). Pero el 120% afirma que hizo locuras. En todos los congresos (otros textos vendrán) circulan historias disparatadas, unas verdaderas y otras no tanto, pero muy interesantes.
En fin, estaban allí, en la mayor animación, aguardando el gran show, mientras unas go-go girls se desnudaban bailando alrededor de tubos verticales a los cuales se agarraban en magistrales demostraciones de que los tubos no sirven solo para distribuir agua, como enseñan en la asignatura de hidráulica. ¡Nada como un congreso para conocer los materiales, los equipos y el manejo de los mismos!
De repente, aparecieron en los escalones de la entrada las cinco colegas y un muchacho. Gaspar se sobresaltó, pensó que irían a su mesa. Pero se sentaron en otra mesa, con el hombre que las acompañaba, y por allí se quedaron.
El show fue anunciado para dentro de poco, y Gaspar resolvió ir al baño preventivamente. Cuando entró, el recinto, aunque grande, estaba congestionado con muchos brasileños allí “refugiados” y un disgusto general, el personal queriendo darle una paliza a Gaspar:
— hijo de puta, trayendo a las chicas aquí, ¡pues! Ellas conocen a nuestras mujeres.
Aclarado el asunto, Gaspar se libró de los colegas. Pero eso no resolvía el impasse con el grupo refugiado en el baño y él tuvo que ir allá a resolver el problema.
En realidad, las chicas estaban acompañadas por el más tarde famoso ingeniero Manuel Botelho (autor del libro “Concreto Armado Eu Te Amo”, entre otros). Después de algunas conversaciones (la seguridad del local tuvo que intermediar y ayudar en la argumentación), Botelho y acompañantes se comprometieron a salir antes de que se volvieran a encender las luces (y cumplieron).
El show fue óptimo, atendiendo la expectativa de todos y todas.
Quedó en la memoria de Gaspar la banda sonora, con el arpa paraguaya, la noche en el hotel todavía haciendo rotación con las colegas, todos solteros, todos con las hormonas a flor de piel.

Comentarios