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Cuestión de orden

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 7 jul
  • 4 min de lectura

Collor de Mello estaba presidente desde el inicio de 1990. Era el “Día nacional del Agua” (22marzo1991). Un grupo de profesionales de todo Brasil combinó ir a Brasília, pues habría una sesión de la Cámara de Diputados dedicada al sector de saneamiento (agua potable, alcantarillado sanitario, drenaje pluvial, recolección y destino final de la basura y control de vectores).

Algunos diputados recién posesionados, de todo Brasil, eran del sector. Recuerdo a Junot (de la antigua SANERJ, que al fusionarse con CEDAG y ESAG, se volvió CEDAE-RJ), elegido por el PDT RJ. Fue gran divulgador de ese encuentro.

Todos los que entraban en el recinto eran debidamente identificados, revisados, firmaban una lista de presencia, y los simples mortales del pueblo eran encaminados a la llamada “galería” y avisados de que todo era grabado.

Presidía la sesión el diputado Sérgio Arouca, formado en medicina y expresidente de la fundación Osvaldo Cruz, la FIOCRUZ, además de conocido líder nacional del PCB (Partido Comunista Brasileño, ligado a Moscú), el famoso “partidão”.

El PCB/PPS, el PDT (de Brizola), el PSB (de Arraes), el PCdoB (disidencia Leninista del PCB), el todavía nuevo PT (“estimulado” por el general Golbery con la iglesia católica para contraponerse a Brizola), y el recién creado PSDB (con Covas y FHC), componían parte de la dicha “izquierda” en Brasil.

El nuevo asunto, del momento, era la “desestatización de los servicios de agua, alcantarillado y basura”, tema que comenzara a surgir entre líneas.

El plenario no se llenó, pero estaba, digamos, con más de la mitad de las sillas ocupadas. El lugar destinado al público, también más de 2/3. Nada mal para quien quería “marcar posición” y demostrar la importancia del sector.

Iniciada la sesión, después de los blá-blá-blás de rigor, se inscribe para hablar un representante del PT, de São Paulo, y comienza a hacer una catilinaria contra “privatizar los servicios públicos”, etc. y tal.

Sin embargo, su argumentación, en lugar de, por ejemplo, cuestionar la privatización de monopolios naturales, seguía un sesgo prejuicioso, de que la iniciativa privada sería deshonesta mientras los funcionarios dichos públicos serían honestos, que la administración del estado sería más correcta, que el sector privado solo apuntaría al lucro, etc. y tal, y por ahí iba, cuando un colega de la platea, donde estábamos, comenzó a querer hablar, hacer un aparte, pero nada de que Arouca le diera atención.

Por ahí a cierta altura, el colega gritó bien alto “CUESTIÓN de ORDEN”.

Quien hizo un mínimo de política estudiantil (en esos ambientes, más de la mitad lo hizo), sabe que, cuando se grita eso, la costumbre dice que es mejor oír lo que el colega quiere decir. Fue lo que Arouca hizo: interrumpió al orador y abrió el micrófono de apartes para el colega de la platea, que fue hasta allá (parece que ya no es así, o no siempre es así, pero ese día fue).

Llegando al micrófono, el colega dijo más o menos lo siguiente:

“_ yo entré aquí y fui identificado, por lo tanto mi presencia es rastreable; si escucho callado parece que concordé. Pregunto al orador: fui funcionario público, concursado, dos veces, hoy estoy en la iniciativa privada. Por lo que el colega dice, fui honesto dos veces, pero ya no lo soy; si vuelvo a ser funcionario público, ¿vuelvo a ser honesto?

El orador (el del PT-SP) quedó irado, gritando con Arouca,

“_ eso no es cuestión de orden, córtele el micrófono”.

Arouca no debe haber gustado de la forma como fue interpelado, o entonces aprovechó para mostrar que el PCB, en materia de argumentación inteligente, estaba por encima de los demás partidos de “izquierda”, y disparó:

“_ ¡pero el colega de la platea tiene razón! Los militares, los policías, los funcionarios del DOPS, también son funcionarios públicos y todos aquí tenemos muchas restricciones a cómo el Estado actuó durante años. Parece que el señor se olvidó de eso”.

A pesar de algunas risitas, bajó un silencio mortal en la “platea” y en el “plenario” y total constreñimiento para el orador, aún en la tribuna, que quedó tartamudeando hasta terminar su tiempo, sin conseguir retomar el rumbo...

De allí en adelante los discursos fueron meramente protocolares, elogiando al sector “que evita que las personas se enfermen, los abnegados trabajadores de la basura, del alcantarillado, de los subterráneos que nos dan higiene y bienestar, blá-blá-blá...”

Aquel día, ningún orador tocó más el asunto, pero parece que fue allí que el saneamiento brasileño comenzó a ser desestatizado.

Al final de la sesión, el colega de la “cuestión de orden” salió prácticamente en hombros de la turma de entidades privadas allí presentes. No porque se quisiera “privatizar” o “desestatizar”. Sino por haber contestado los desafueros. Para las empresas privadas, da lo mismo prestar servicios para la concesionaria, sea ella privada o estatal. Solo los inocentes no lo perciben.

Curiosamente, la primera privatización de saneamiento de Brasil fue en el municipio de Ribeirão Preto (SP), en 1995 (alcantarillados), siendo el alcalde del PT. Enseguida, Niterói, en 1997, con el alcalde del PDT. Lo mismo ocurrió en otros países. ¿Será que el discurso es uno y la acción es otra? Muchos dicen: “_ menos mal”.

Y, un monopolito, para llamar suyo, no le hace mal a nadie, ¿no?


Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en 2018 R2025sep02Re, 5.018 caracteres

 

 
 
 

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