El asaltante
- Miguel Fernández

- 3 jul
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En 1972 o 1973, el arquitecto Júlio Rubbo, que ya había sido director del Departamento de Limpieza Urbana de Porto Alegre, del DMAE, era un personaje conocido nacionalmente, bastante activo en la ABES, en la AIDIS y en los respectivos congresos. Él vivía en Porto Alegre.
En este episodio, creo que él era director y/o consultor en São Leopoldo (o Gramado o Canela según Percy). Las carreteras eran más estrechas que hoy, y era común que las personas pidieran y dieran aventón, hábito que fue desapareciendo con el aumento de la inseguridad (asaltos, etc.). También era muy común que las personas anduvieran armadas (¿causa y efecto en la inseguridad o mera coincidencia?).
Todos los días por la mañana tomaba su coche y conducía hasta esos municipios. Volvía al final de la tarde. En una de las mañanas, le dio aventón a un muchacho.
En una de las curvas le pareció extraño que el muchacho se hubiera desequilibrado al punto de rozarlo/apoyarse en él, el conductor. Se preocupó y palpó el bolsillo del saco con la cartera. ¡Ya no estaba allí!
Pensando rápido, no dijo nada y fue parando el coche alegando que parecía tener un neumático pinchado y que iba a ver. Al parar, ya estaba con el arma en la mano y mirando fijamente al muchacho fue diciendo enseguida: "Pasa la cartera".
Orden obedecida, cartera entregada, el pasajero fue dejado al sereno, en medio de la carretera, sin conversación.
Día que corre, todo normal, al atardecer, llegando a casa, su esposa estaba muy preocupada porque él había olvidado la cartera.
Como el pasajero había denunciado en la policía el "asalto" que había sufrido, y no le encontró ninguna gracia a lo ocurrido (ni el delegado), el asunto le rindió unos buenos años y molestias a Rubbo hasta ser cerrado.
Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # publicado en la revista ABES Rio en abr/jun2017, 2.977 caracteres


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