El cadáver
- Miguel Fernández

- 3 jul
- 4 min de lectura
Escuela de Ingeniería de la UFRJ, 1969, turma del 4º año civil. Había muchos alumnos de otros estados. Hice amistad con Manuel Castelar Pinheiro Neto, cearense, buen alumno, simpático, cautivador, siempre bien acompañado, alquiló un apartamento en la Rua Farani, en Botafogo, a 1 km de mi casa más o menos.
Había un segundo cearense, Sérgio (Sesé), que había alquilado un apartamento en el Bairro Peixoto, en Copacabana.
Por ahí hacia el fin del año, marcamos los tres para estudiar para una prueba en el “depa” de Castelar y, al terminar, alrededor de las 21:30h, Castelar resolvió llevar a Sesé al Bairro Peixoto y me dejaría en casa a la vuelta usando el Fusca blanco que él tenía. Castelar y Sesé adelante, yo atrás. Al llegar a la placita central del Bairro Peixoto, nos encontramos con una escena inusitada: un cadáver en medio del asfalto, cubierto con periódicos y unas 4 velas encendidas alrededor, bastantes personas en las aceras observando.
La posición del cadáver no llegaba a impedir el paso, pero casi. Tal vez por eso, se prefirió parar antes e ir a averiguar. Al preguntar qué había ocurrido, nos explicaron que era un muchacho nuevo por allí, que había sido atropellado y había muerto al golpearse la cabeza contra el suelo.
Sesé se preocupó inmediatamente, pues un hermano suyo había llegado hacía una semana a Río y fue con Castelar a levantar la puntita del periódico para ver el rostro del cadáver. En eso, el “cadáver” levantó los brazos gritando. Yo, que estaba más atrás, me quedé helado del susto. Sesé “se congeló”, Castelar se quedó sin habla. Todo el mundo reía. Empezamos a reír también, entre nerviosos y para disimular (en aquella época no se decía “pagar mico”, era “vergüenza” mismo).
Entonces, la turmita del Bairro Peixoto dijo que era el turno de Sesé de acostarse para que la broma continuara. Se acuesta Sesé, se recolocan los periódicos, se reencienden las velas y el escenario vuelve a 20 minutos antes. En eso vienen dos señoras de edad y quieren mirar quién era la “víctima”, pero son impedidas por una señora. En poco tiempo llega un coche de la PM (policía militar, en aquel tiempo andaban en parejas, apodadas Cosme y Damião). Salen los dos PMs del Fusca y queda la duda de cómo ellos entran en el Fusca, pues eran dos hombres grandes. Uno blanco y uno negro (en la época sería preto). Ambos se dirigen rápidamente al cadáver y levantan la puntita del periódico. No hubo tiempo para que reaccionáramos (aunque Sesé nos acusa de haber sido sádicos). Sesé grita levantando los brazos, igual que había visto hacer al anterior. Los PMs se congelan, el blanco se pone negro y el negro se pone blanco (si me confundí, me disculpan, pongan a todo el mundo “lívido”, que me parece una palabra erudita y adecuada). Todo el mundo empieza a reír, ellos se recuperan, arrestan a Sesé y se van a la comisaría. Nosotros detrás en el Fusca de Castelar.
Llegamos a la comisaría de la Rua Hilário de Gouvêa (Policía Civil), el cochecito de la PM para en la puerta, nosotros detrás, paramos, bajamos y entramos juntos queriendo mostrar solidaridad (para calmar a Sesé, que nos estaba acusando de connivencia por no haber impedido que los policías se llevaran aquel susto).
Serían unas 23:30h. En la mesa del delegado no había nadie y, por los comentarios, quedamos en duda si el Delegado estaba durmiendo o había salido a cenar o a enamorar. Pero en poco tiempo apareció el Delegado. Por la cara, interrumpimos una de las tres alternativas, tal vez una de las dos primeras, pues fue muy rápido para la tercera, a menos que, coincidentemente, él ya estuviera viniendo...
El Delegado dispensaba presentaciones, pues tenía una “cara de delegado de policía” dondequiera que fuese, en cualquier país o rincón. Los PMs se apresuraron en querer registrar la “ocurrencia” y dejar al preso en la comisaría. Empezaron a contar la historia.
El delegado se sentó o mejor, se desparramó en la silla y se quedó oyendo con cara de tedio.... Cuando los PMs se silenciaron un poco, el delegado habló alto para uno de los presentes, que sería el interlocutor (imagino que fuese el escribano):
Ô Palhares (el personaje tenía cara de Palhares, por eso me acuerdo del nombre que imaginé), ayúdeme aquí a ver si entendí: estos dos idiotas, porque si no fueran idiotas no estarían en la PM, habrían pasado el concurso para la Policía Civil (yo no creía lo que estaba oyendo), estos dos idiotas, no satisfechos con ser tomados por tontos por los estudiantes, ¿todavía vienen aquí a contarnos cómo ellos son unos babosos?
Hasta entonces nosotros no habíamos analizado la situación desde ese ángulo del ridículo de los PMs y confieso que la argucia del delegado nos sorprendió (y en la época todavía no existía el Chávez-Chapulín). Entretanto, los PMs, aunque lentos, estaban concluyendo que el delegado estaba con ganas de burlarse de ellos y empezaron a irritarse y a poner la mano en las armas, y la situación empezó a transformarse de cómica en preocupante. Los ánimos se exaltaban.
Mientras todos discutían si PM es más burro que Policía Civil o viceversa, conseguimos salir de a poquito y, sin que nadie se diera cuenta (por lo menos eso creemos), nos “evadimos” y, para nosotros, todo quedó por eso mismo.
Oí decir que cuando Sesé llegó a Ceará anduvo organizando eventos del “cadáver”, pero no tengo confirmación. Sesé se graduó en Civil-carreteras y supe que fue a trabajar como ingeniero en la apertura de la Transamazónica. Nunca más lo vi. A Castelar todavía lo vi durante unos 10 años después de graduados, pero también desapareció de vista. Hace poco (estoy escribiendo en jul2015), un colega graduado en Naval (Miguel de Castro Cunha) y que es de Fortaleza me dijo que no los ha visto, pero que cree que están bien. ¡Aparezcan!

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