El castigo, A Forja, 1965ago
- Miguel Fernández

- 3 jul
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Los muchachos eran buenos muchachos. Estaban charlando unos temas muy buenos en una de las placitas del barrio.
Había también unos tipos de otra turmita. Se habían unido por cuestiones de objetivos comunes: no tenían objetivos.
De repente el tedio se apoderó de todos. Estaba muy aburrida la programación.
Uno de ellos se acordó de una fiesta en un colegio, y sugirió ir para allá, a armar lío en el coreto del personal. Después de algunas discusiones, dieron la última calada a la hierba, tiraron las colillas, entraron en sus Fuscas y salieron andando a unos 120, para ver si mataban a alguien por el camino, y llegaron al tal colegio, donde la turma del coche que llegó primero se burló de la del que llegó segundo, y estos se disculparon, diciendo que fue por causa de un viejo que estaba paseando delante de ellos, pero también se llevó una encerrada de aquellas. Ahí uno de ellos observó que el mundo estaba perdido porque todo el mundo era blando como el viejo, nadie era como ellos.
ELLOS eran los que harían el futuro de Brasil. Ahí un sargento que formaba parte del grupo protestó, y mandó al otro no hablar el nombre de su país con un cigarrillo de marihuana en la mano, al otro no le gustó y ya iban a salir a los golpes, cuando los otros llamaron para entrar al colegio.
Entraron y fueron luego gritando "dónde estaban las mujeres". A la primera que pasó, uno de ellos, de azul, le tiró del pelo, y dijo alguna gracia poco graciosa, porque la muchacha le volteó la mano, y fue a quejarse al personal del colegio.
Ahí el personal del colegio se reunió, y unos 5 o 6 más valientes fueron a interpelar a los muchachitos, los otros se quedaron mirando de lejos, para al día siguiente poder contar todo derechito, como si hubieran actuado, y hacerse su cartel junto al electorado femenino.
Era lo que la turmita quería, el jefazo agarró una botella, rompió la botella y se quedó con el cuello en la mano y dijo:
-Si se acaba el vidrio, aquí está la máquina, mostró la Colt 45 del padre, que es general, y un padre muy comprensivo.
Ya ves que el personal del colegio trató de usar la boca para convencer al otro de soltar la botella y a los otros de calmarse, a pesar de que cada uno repetía constantemente, con una obsesión:
-Hoy peleo. Hoy rompo.
Pero cuando estaba en eso se armó la pelea entre uno de la turmita de ellos y otro de otra turmita, sujeta de aquí, empuja de allá, lleva sobra allá, llega la policía. Ahí el Jefazo se quemó y dijo:
-Personal, llegó la policía, ahora es en serio.
Y fue sacando el arma. Resulta que el policía también tenía arma, y tenía porra, y fue bajando dicho objeto, y metió al personal en sus Fuscas, los mandó embora, mandó a la otra turma embora también, que no adelantaba prender a nadie, los padres vendrían enseguida a soltarlos, y la policía se escondió por allí, para ver si alguien volvía. Al rato vuelven los muchachos, entonces la policía, que tampoco es tonta de quedarse arriesgándose en vano, dio dos tiros al aire. Ahí fue aquella correría; nadie sabía de dónde habían salido los tiros; cada uno solo sabía que no había sido él, y entonces quien estaba armado disparó, la policía oyendo tiros que no eran los de ella, disparó de nuevo, el vigilante disparó, quien no tenía arma disparó palabrotas, y fue por ahí. De repente una bala alcanzó el coche de los muchachos, ahí ellos se mandaron, felices, pues ya habían cumplido su objetivo, y llevaban su trofeo.
Lo aburrido fue la decisión del padre del muchacho que llevó el coche, que al día siguiente, al ver el coche con dos vidrios rotos, y el capó perforado por una bala, prohibió a Paulinho usar el coche por una semana.
Contexto:
publicado en ago1955 en el periódico A Forja, del Gremio del Colégio de Aplicação de la Faculdade Nacional de Filosofia de la UFRJ (antigua Universidade do Brasil), también conocido como "CAp, o el Aplicação da Lagoa", en Río de Janeiro, cuando el autor terminaba el entonces 3º científico (último año del Colegial). Inspirado en hechos reales ocurridos en una fiestita habida en un sábado por la noche en el colegio, benéfica del Gremio, con confusión en la puerta provocada por las "turmitas" de barrios o regiones de la ciudad, cosa entonces común por el mundo. También registra una época en que los militares ocupaban muchos cargos públicos, y se sentían dueños de la nación. El gobernador del entonces Estado de Guanabara (hoy municipio de Río) era Carlos Lacerda y presidente de la república el Mariscal Castelo Branco.

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