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Extranjerismos / ¿IA o AI?

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 30 jun
  • 3 min de lectura

Reconozco que los idiomas se influyen unos a otros.

Reconozco que el inglés se volvió el “esperanto” del mercado financiero y del comercio internacional y ni vale la pena discutir eso, además de usar muchos términos abreviados y palabras prácticas, como A.S.A.P., OK, “Help”. Lo mismo ocurre con palabras nuevas, creadas y/o adaptadas para atender demandas de las novedades tecnológicas, como por ejemplo “blog”, que no deja de ser un “diario para que otros lo lean” (web-log, abreviado a blog). ¿Sería “registro”? La primera lengua que cree / divulgue, va a quedar valiendo.

No se puede negar que el R.S.V.P. y el “merde” del francés, el “ciao” del italiano, el “quizás” del español, eternizado por el negro americano Nat King Cole, y otros términos que parecen hechos para determinadas cosas o momentos, todos los adoptamos “sin problema”.

Pero los extranjerismos innecesarios, en nuestro portugués, me incomodan. No llego al punto de decir “ludopedio”, pero no me gusta la aceptación sumisa del extranjerismo.

Aún más cuando son usados sin necesidad, sin gracia, por limitación cultural (falta de vocabulario) o como esnobismo servil, incluso sin darse cuenta.

¿Por qué hablar de “tsunami”, que según parece muchas lenguas, por falta de término propio, adoptaron del japonés, si en nuestro portugués tenemos “maremoto”?

¿Será que un “delivery” llega más rápido que una “entrega”?

¿Y el “eqüity”, dicho en mesas de negociación en vez de “aporte de capital”, solo para impresionar a los participantes?

¿Y cuando los tamaños son dichos en “pulgadas”, que ni sistema decimal es?

Son expositores, con el complejo de vira-latas (*) que asola el país, para quienes, si la narrativa está en lengua extranjera, cualquier tontería parece inteligente.

Como corolario, la manía de citar “especialistas” y “científicos” extranjeros, para dar respaldo a opiniones “del momento” (“de moda”), casi nunca cuestionadas, pero adoptadas por las tribus a las que cada uno quiere pertenecer o aparecer: el “calentamiento global”, las “vacunas que hacen mal”, “el terraplanismo”, las “fake news” (siempre de los otros), y por ahí.

Entonces, mi viaje a São Paulo, en este inicio de la primavera de 2025, en un vuelo de LATAM, empezó mal: fue solo el avión estabilizarse en la altitud de crucero y el piloto bramar por el micrófono para que todos oyeran: “tripulación: diez mil pies”. Como esos vuelos son regulados por la ANAC, quedó explícito que el gobierno brasileño nada hace contra esos colonialismos culturales, aunque se quede vociferando nuestra “autodeterminación”, nuestro “orgullo”.

Pero el viaje “valió la pena”.

Además de rever queridos amigos y colegas, participé de un encuentro-seminario de la ANE (Academia Nacional de Ingeniería), en el centenario IE (Instituto de Ingeniería), para homenajear a algunos estudiantes de ingeniería que sometieron trabajos a un concurso promovido por la ANE y fueron seleccionados. Asistí también a algunas conferencias interesantes.

“Valió la pena” por la conferencia del Ing. Lawrence que, ya octogenario, expresó su pasión por la vida y por la carrera de ingeniero y “motivador”, contagiando y emocionando al público, incluso a él mismo, llegando a quebrársele la voz (descubrí que no soy el único con esa reacción): “la ingeniería es para servir a la humanidad”, “¿y si apagan el wi-fi?”, “¿estamos en la generación internet o en la edad de internet?”

“Valió la pena” también por la presentación de una estudiante del ITA, que había ganado uno de los premios, Maria Antônia. Segura en la presentación (asunto de control e instrumentación de pequeños cultivos), con una rara precisión de lenguaje, de nuestro portugués y de su conocimiento: siempre que sería para hablar de Inteligencia Artificial (IA), que es una tontería mediática internacional “de moda”, pues eso no existe, ella evitó, y habló de Automatización Inteligente (AI). Al fin y al cabo, ¿quién va a crear las “condiciones de contorno”, quién va a seleccionar alternativas? Y lo hizo unas diez veces. M-e e-n-c-a-n-t-ó.

Concluí que, a pesar de todo, ¡la vida inteligente y nuestra cultura van a sobrevivir!


(*) Nelson Rodrigues en 1958: < entiendo por “complejo de vira-latas” la inferioridad en que el brasileño se coloca, voluntariamente, frente al resto del mundo >.


Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en 2025sep23 R2025octRf, 4.070 caracteres.


 
 
 

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