Fumadores 1
- Miguel Fernández

- 2 jul
- 5 min de lectura
1988ene, coast-to-coast
Era dic1987 y fue a pasar el fin de año en la casa del hermano en El Cerrito, al lado de Berkeley, California, donde el hermano hacía un “pós-doc” en termodinámica. La Navidad la pasaron en Lake Taho. ¿Recuerda la serie de películas Bonanza? Pasaba allá.
El día 23dic asistió, con el hermano y las esposas, a una presentación, en vivo, del magistral Ray Charles. Con las mujeres, es una forma de decir. La cuñada resolvió sentirse mal durante la presentación de Ray Charles, alegando emoción y aire enrarecido por la altitud, fue a parar al ambulatorio, en los subterráneos del teatro del casino, sin que nadie se dispusiera a hacerle compañía, asunto hasta hoy motivo de burla. Por cierto, la cuñada se esmeró en llamar la atención por allá, también fue parada por la policía y recibió una multa por estar conduciendo por debajo del límite mínimo de velocidad permitido. Nunca habíamos oído hablar de esa posibilidad. Viviendo y aprendiendo.
Poco antes de esa época comenzaron las campañas contra el tabaco.
En los casinos se podía, en los restaurantes dependía del Estado y del restaurante, en los aviones dependía de la política de las empresas, y por ahí iba.
Fue entonces que supo que consiguió una reunión profesional para el día 08ene1988 en New Jersey, del otro lado de Estados Unidos, y necesitó marcar su pasaje para el día 07ene. Esos vuelos costa a costa (Pacífico-Atlántico), en el caso San Francisco (Newark), son largos, cerca de 7 horas. Por lo que recuerda, volaba por AA (American Airlines) y eligió un vuelo fumante, es decir, en el que se podía fumar a bordo.
Había 4 sistemas en esa época de transición:
01_ el vuelo era todo fumante y se fumaba en el avión entero, todo el tiempo después de que el despegue llegara a la altura de crucero.
02_ el vuelo era mitad-y-mitad, los fumadores eran ubicados en la parte trasera del avión y la delantera era para no fumadores.
03_ había un fumódromo a bordo (opción que solo se vio para Europa), abierto después de terminado el servicio, e iba tanta gente a fumar en los lugares permitidos que acabó dando problemas y desapareció, pero los fumadores lo apreciaban mucho, pues parecía que todos los fumadores se conocían desde hacía tiempo.
04_ vuelo no fumante.
Recibió el pasaje con la reserva, indicado claramente: “vuelo fumante, asiento junto al pasillo, en la primera fila de fumadores, del lado noreste de la aeronave”, todo conforme solicitado y acordado.
Al embarcar, en la mañana de un lunes, sorpresa: un cartel informando que el vuelo era “no fumante”. Notó algunas reclamaciones de otros pasajeros, todos americanos, pero entendió que el vuelo sería del tipo mitad-y-mitad.
El avión levantó vuelo, llegó a la altura y a la velocidad de crucero, los comisarios iban a empezar a servir la merienda y nada de que las luces de no fumar fueran apagadas.
Como estaban en Estados Unidos, donde los derechos y deberes individuales son muy exigidos y respetados, comenzaron muchas reclamaciones por parte de los fumadores, y el tono fue subiendo. Y nuestro amigo allí, pensando para sus adentros, como turista, no iba a meterse y desafiar a la gente de allá, justo él, que solo fumaba socialmente, desde los 16 años, el paquete durándole 3 días en promedio, no sería gran sacrificio quedarse aquel vuelo sin fumar.
Grave engaño suyo, los compañeros fumadores lo constriñeron a ponerse un cigarrillo en la boca, todavía sin encenderlo. Acto continuo, se levantó un “líder de los fumadores”, inmediatamente seguido por otro pasajero que se colocó como líder de los no fumadores, los dos cara a cara, en el pasillo, exactamente donde estaba sentado. Muy mala suerte, hasta la saliva que salía de las bocas exaltadas ya lo alcanzaba, cuando el comandante del avión vino a ver qué estaba ocurriendo y la situación se complicó.
El comandante informando que las instrucciones que tenía decían que el vuelo era no fumante. Y los fumadores mostrando los pasajes diciendo lo contrario, nuestro amigo ya preocupado con el motín.
_ Era solo lo que faltaba, salir de Brasil y venir a morir aquí, en accidente aéreo, por un motivo de esos.
La discusión recrudeció e iba de mal en peor, cuando el líder de los fumadores dijo algo que todos rieron y encendió el cigarrillo en la cara del comandante, seguido instantáneamente por todos los fumadores, excepto el brasileño.
El comandante se retiró hacia la cabina de mando y el líder de los no fumadores, siguiéndolo, fue a sentarse en su lugar, de donde no debería haber salido, con cara de humillado.
El inglés del brasileño no sabía, hasta allí, que “to fart” era “tirarse un pedo”, pero no fue necesario que nadie se lo explicara, todos habían sentido el olor horrible, ciertamente salido del líder de los no fumadores (¿qué habría comido?!), y el “líder de los fumadores” le había dicho al comandante:
_ Si usted prohíbe tirarse pedos, nosotros no fumamos.
Y encendió el cigarrillo en su cara.
Por unos 15 a 20 segundos, el brasileño no fumó, pero todos los fumadores, aún riendo, querían encender su cigarrillo. Fue inevitable y menos peligroso encender enseguida el cigarrillo. Parece que nunca se fumó tanto en un avión. Mucho menos con las luces de no fumar encendidas.
Al llegar al aeropuerto de Newark, al acoplarse a la “manga móvil”, entró la policía, vinieron por el pasillo hasta la línea divisoria de los fumadores y de los no fumadores y dijeron algo del tipo:
_ de aquí para atrás nadie sale.
Listo, pensó el brasileño, voy a perder el viaje. Pero no necesitó abrir la boca, todos los fumadores, unos 40, o más, gente que nunca se había visto antes, intercediendo vehementemente por el brasileño:
_ él no quería fumar, es turista, nosotros lo obligamos.
Aquello fue conmovedor, nunca había tenido un sentimiento tan fuerte de pertenencia a un grupo. Personas que apenas conocía, que solo tenían en común consigo el hecho de fumar y, de repente, verse conjuntamente criminales, de cierta forma arriesgándose para defender a un turista extranjero. Una clase de psicología.
Entretanto, todos ya habían notado que los dos policías tenían paquetes de cigarrillos en los bolsillos y no decían ni una palabra más. Esperaron que la tripulación y los no fumadores salieran, contaron unos 5 a 10 minutos (qué eternidad) y, sin decir nada, hicieron una señal de que podían irse, en silencio.
Cuánto buen sentido de los policías. Recordó volver y dejar un paquete de “Hollywood Souza-Cruz”, enterito, para los hombres de la ley, que no querían aceptar, pero su sonrisa debía estar tan radiante que sería una maldad no aceptar el “brazilian cigarrette”. Y así fue.
Llegó al desembarque y, ante la mirada incrédula y decepcionada-frustrada de los no fumadores que todavía estaban en la cinta de las maletas, recogió su maletita y fue a encontrar al ingeniero y colega Goldblatt, que lo esperaba en la salida, conforme lo combinado.

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