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Los “contreras”

  • Foto del escritor: Miguel Fernández
    Miguel Fernández
  • 6 jul
  • 4 min de lectura

Era 2023 y andaban queriendo implantar un cable de acero, paralelo a los de los “bondinhos del Pan de Azúcar”, por donde algunos aburridos hijitos de papá-y-mamá ensayarían sus suicidios, colgados en una roldana (la tal “tirolesa”), compitiendo con otras bobadas tales como saltar de puentes amarrado con elásticos por los tobillos, andar en montaña rusa, tatuarse, en fin, cosas de las que no da para volver atrás, casi todos se arrepienten, o no confiesan o les da igual. Es una señal de alerta de sanidad o mal gusto.

Antiguamente, “tirolesa” era una fantasía de carnaval barata y fácil de hacer, con la cual los niños quedaban ridículos, pero las madres felices, por haber disfrazado al hijo, como otras madres hacían. Moda es moda, una exigencia de la sociedad.

De ahí que, por falta de qué hacer, surgen grupos de burguesitos, contra y a favor, de la tal “tirolesa”. Está de moda estar contra algo alegando preservar el ambiente.

Mientras tanto, los aviones que se dirigen al aeropuerto Santos Dumont (SDU), infernizan algunos barrios de la ciudad y nadie se incomoda ni toma partido.

Recuerdo eso porque la aproximación de los aviones al SDU por el lado sur cuando los vientos así obligan (aterrizaje y despegue son siempre contra el viento), fuerza una curva acentuada con las aeronaves amenazando lanzarse, por la fuerza centrípeta, sobre el sistema del camino aéreo del Pan de Azúcar, luego también sobre la tal tirolesa. Si no fuera tan lejos, caerá sobre alguna residencia de Urca o sobre el Forte São João, o sobre la escuela Eleva, también implantada bajo protesta de gente que protesta por todo.

Los “corredores aéreos” por donde transitan los aviones son verdaderos ductos virtuales y fueron definidos hace mucho tiempo (¿década del 40?) de forma a, organizando los aviones en el aire, minimizar la probabilidad de choques entre aeronaves. La competencia de quien hizo eso es innegable, el transporte aéreo ostenta el menor número de incidentes por pasajero transportado.

El mantenimiento de esos “corredores”, casi sin alteraciones, siempre fue defendido por el personal encargado, por dos motivos principales: A> uno de ellos parece razonable: “los pilotos están habituados”, presupone que los pilotos estarían destinados a volar siempre las mismas rutas, lo que no es verdad. B> otro argumento es lamentable, y se asemeja a la pereza: puede coincidir con algún accidente, el responsable de la alteración ser responsabilizado, va a dar mucho trabajo y nadie “está” ganando para eso.

Como actualmente todos usan GPS por imagen y pilotan con mucha instrumentación automática, esas alteraciones pueden ser mucho más fáciles y seguras. El “corredor” de acceso al SDU, por el sur, necesita ser cambiado, no solo para librar a los moradores de Laranjeiras, Flamengo, Botafogo y Urca, del exceso de ruidos (la curva se hace con los motores acelerados para dar sustentación), sino también para disminuir riesgos. La aproximación por el mar y por la barra de la bahía de Guanabara sería mucho más suave.

Lo que aquí se plantea no es novedad, el asunto ya circuló otras veces, pero aparentemente no fue adelante por oposición de las compañías aéreas que, supuestamente, gastarían un minuto más de vuelo de São Paulo hasta el SDU en las aproximaciones, cuando el viento fuera en sentido norte. O sea, no siempre. No debe haber sido solo eso. Primero porque, tratándose de una concesión, el Estado, el poder concedente, necesita cuidar de los intereses de todos. Por otro lado, el corredor por el mar, como ocurre cuando el despegue es hacia el sur (aterrizaje y despegue son hechos contra el viento) y los aviones desvían del Pan de Azúcar a babor (hacia la izquierda, justo sobre la barra de la bahía), funciona mucho más suavemente, sin ruidos para la población que paga duros impuestos.

Las entidades “no gubernamentales” podían y debían evaluar técnicamente ese tema, mucho más interesante y más importante para la sociedad que cuidar de algunos pseudo-suicidas jugando en las tirolesas. Además, si alguien quiere emociones intensas en esta nuestra ciudad de São Sebastião, puede optar por cosas “más de raíz”, como por ejemplo transitar por la Av. Brasil.

Escribo estas líneas, a las 23 h de un miércoles, después de visitar a un amigo que vive entre Flamengo, Botafogo y Laranjeiras (en el Morro Azul), donde los aviones pasaban cada 3 o 4 minutos, ininterrumpidamente, y donde inician la tangente de la curva sobre la ensenada de Botafogo buscando la otra tangente, en dirección a la pista de aterrizaje autorizado en el SDU. Imagino los decibeles en Urca y en el Morro da Viúva.

En los intervalos, cuando conseguíamos escucharnos, el asunto principal de la conversación con el amigo fue la persecución de los ambientalistas a la perforación de Petrobras en la tal margen ecuatorial y el apagón ibérico, al parecer, relacionado con la generación de energía intermitente de las eólicas y de las solares, asunto tan al gusto de ONGs y grupos de intereses, que se oponen a nucleares, hidroeléctricas con lagos y térmicas convencionales, que ya hicieron tan ricas y desarrolladas otras regiones. Ahora, que sería nuestro turno, nos convencen de no hacer nada para salvar el mundo, no se sabe bien de qué.

Nadie reclama del no corte de un árbol que amenaza caer sobre niños o perjudica la vereda. Nadie reclama de ocupaciones ilegales desordenadas ni de exceso de población. ¿Solo se discute donde se cree que hay algún dinerito para extorsionar? ¿Donde hay algo para estorbar?

Muchas ONGs, muchos intereses y muchos gestores que proliferan por ahí, difícilmente se proponen mejorar o corregir algo. Solo quieren prohibir, dificultar. Cuando están a favor de algo, es para perjudicar a otros. ¿Por qué será? ¿Para qué será? ¿Por quiénes serán?


Miguel Fernández y Fernández, ingeniero, cronista y articulista, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y del Instituto de Ingeniería # escrito en 2025abr30 R2026janRf, 5.407 caracteres
 
 
 

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