Mayoría matemática
- Miguel Fernández

- 3 jul
- 3 min de lectura
La empresa operaba un sistema de abastecimiento de agua potable de porte razonable.
Tal vez por una reducción de costos simplista (salarios más bajos), hacía poco tiempo había cambiado al director técnico, saliendo el Ing. Pessôa y entrando el Ing. Calis.
Después de unos seis meses en el cargo, y habiendo implementado algunas novedades, el Ing. Calis mandó llamar al consultor técnico de la empresa, el Ing. Fernando, para una reunión y para mostrar las mejoras que había hecho en el sistema y, con eso, hacer un acta de reunión respaldando las inversiones en esas alteraciones ante el resto de la dirección.
En la fecha agendada, el Ing. Fernando se desplazó hasta aquella ciudad. La reunión comenzó por ahí a las 09h30, el Ing. Calis en la cabecera de la mesa, haciendo la presentación de su equipo de unos seis a ocho ingenieros, aparentemente todos nuevos en la operadora. No quedó claro cuál era la experiencia de cada uno en el ramo. A uno de ellos, Kaká, Fernando ya lo conocía de vista, pero trabajando en otra operadora. Supo, entonces, que Kaká estaba allí en su primer día de trabajo en la empresa y en aquel sistema.
El tema principal eran las bombas del sistema de distribución del agua potable en la región. Calis comenzó explicando que, como el insumo energía eléctrica era uno de los principales gastos de la operación, había implantado “inversores de frecuencia” en el accionamiento de los motores de las bombas, para que las bombas pudieran operar en velocidad variable. Con eso se economizaría energía, conforme había aconsejado el proveedor de los sistemas de variación de velocidad pero, aparentemente, todavía no estaba repercutiendo en las cuentas de energía eléctrica, que seguían altas, “tal vez porque el precio de la energía hubiese subido”.
Cuando fue posible entender lo que había sido hecho, Fernando preguntó en qué se habían basado Calis y su equipo para creer que se iba a economizar energía con la variación de velocidad en las bombas, sabiéndose que las bombas eran todas centrífugas de rotor cerrado, palas fijas, carcasas fijas y casi todas las casas de bombas con 3+1 bombas, es decir, ya pudiendo operar con caudales intermedios.
Entonces, le presentaron la propuesta del proveedor, donde ese cálculo era hecho de manera genérica y no se aplicaba a los casos de aquel sistema.
Con todo el cuidado, para no herir la susceptibilidad del colega y cliente, Fernando comenzó a discrepar de Calis, mostrando que, si el “trabajo” (masa x desplazamiento = J) era el mismo, el consumo de energía sería el mismo, salvo por fricciones y eficiencias, que aún podrían empeorar o tener efectos no considerables al punto de justificar aquella inversión.
Se creó un impasse. Nadie contraargumentaba y había en el aire una sensación de que los ocho profesionales del equipo de la operadora no estaban entendiendo los principios de la física y de la ingeniería invocados por el consultor. Y Fernando “pisando huevos” para no molestar a Calis y a su equipo pero, al mismo tiempo, necesitando cumplir su función de técnico especialista y defender al accionista que, en última instancia, pagaba sus honorarios.
Después de un largo silencio, Calis se vio obligado a decir algo, y habló:
_ como estoy viendo que no llegamos a un consenso, vamos a ponerlo en votación: los que entienden que esos variadores de velocidad van a ahorrar energía, quedan como están y los que entienden que no sirve de nada ese esfuerzo, levanten el brazo.
Estaba creada la democracia matemática, ¡el algoritmo que faltaba!
Fernando todavía no creía lo que acababa de oír y todavía no sabía cómo reaccionar para no molestarse. En eso, el novato del equipo, pero ya con cierta experiencia y ciertamente el único que entendió lo que se hablaba, el Ing. Kaká, sabiamente, y para alivio general, se levantó y dijo:
_ ¡intervalo para el café!
Era sep2008, fueron todos a almorzar juntos, siguieron siendo amigos y nunca más se volvió al asunto.
En dos años Kaká ya era director de la empresa. ¿Los otros? Nadie sabe.

Comentarios