Pícaros y tontos
- Miguel Fernández

- 3 jul
- 4 min de lectura
_ “Si los pícaros supieran las ventajas de ser honestos, serían honestos por picardía”
La primera vez que oí ese aforismo fue de boca del ingeniero A.J da Costa Nunes, creo que en 1986 o 87. Me pareció extensivo a mucha gente que se cree “lista”, y a la gente mala. Al fin y al cabo, las cárceles están llenas de ellos y nosotros aquí afuera disfrutando el mundo libre, libres, leves y sueltos. Con las excepciones que confirman la regla.
Con el tiempo, hoy creo que hay demasiadas excepciones: en el mercado financiero, en la gestión de la cosa pública, en el sistema judicial, todos libres, leves y sueltos.
Y que, así como hay muchos honestos no tontos, también hay muchos eternos infantiles, muchos inocentes, que creen en cualquier cosa “bonitinha” que se les diga o lean y que son el principal objeto de los “cuentos-del-vicario”, ciertamente de donde viene el nombre “estafador”. Mi padre ya me avisaba de pequeño:
_ el estafador no tiene cara de estafador ni conversación de estafador, si no, no es estafador.
En verdad, desde que empezamos a ir al colegio, empezamos a convivir con la diversidad de los más éticos, de los menos éticos, de los más inocentes y de los menos inocentes. Pero son dos cosas distintas: ética e inocencia.
Las primeras experiencias que recordamos deben ser aquellas que tuvimos a partir de los 5 a 6 años, eran los inoportunos, los agresivos, los acosadores, los “pícaros”, hoy resumidos en el extranjerismo “buling”. Si vamos a los diccionarios antiguos, “bully” era el peleador, el valentón, el fanfarrón, el tirano, el rufián, el acosador, el exhibicionista o, como verbo (to bully), intimidar, oprimir, acosar.
En mi escuela primaria había uno que aterrorizaba a todos en la escuela, pero no porque tuviera desvíos o fuera mal carácter, sino porque era tenido como bueno para pelear, era de mecha corta y había repetido uno o dos años. Era conocido como “primo” y ciertamente unos 4 años mayor que yo. Era muy importante que todos supieran que usted era “amigo del primo” para ser respetado.
Después, en el ginasial, ya en otro colegio, en la playa de Botafogo, había unas figuras lamentables que acosaban a colegas porque eran gordos, o bobos, simplemente para humillar, hasta con connotaciones sexuales, como si el homo fuera solo el pasivo. Se creían los pícaros. Había uno llamado Freijó que debe haber acabado en un subterráneo de la vida.
No soy psicólogo ni antropólogo, ni del ramo, pero viviendo y conversando, noté que esos problemas ocurren de los 6 a los 16 años. Después, las personalidades están más formadas, los acosadores ya no encuentran espacio fácil, necesitan disfrazar mejor sus propósitos, pasan a ser más “artistas”. En verdad uno conoce bien a las personas antes de los 16, cuando da para conocer el carácter. Como el carácter no cambia, vale para la vida. El problema es que, de allí en adelante, los(as) de “mal carácter” se camuflan.
En mi época, todavía no había aparecido un Steve Jobs para recordarle al personal:
_ picardía, traten bien a sus CDFs (*01), pues ellos serán sus jefes
Fue alrededor de 1995 cuando, llegando a casa, al anochecer, paré el coche frente a un bar para comprar cigarrillos y encontré a un personal vecino, tomando cerveza en el mostrador, que me instaron a quedarme y pagar una ronda. Estaban todos ya medio “altos”. Como mis hijos convivían con los hijos de ellos, nos conocíamos y era una buena oportunidad para intercambiar ideas e informaciones. Después de unos 5 minutos, noté que en una mesa había dos que, de vez en cuando, interactuaban con mis amigos, uno de ellos, con porte atlético pero con muletas, pues solo tenía una pierna. Solo de mirar ya pensé, accidente de moto. Alguien confirmó. En la cerveza siguiente él se volvió hacia mi lado y pude ver su rostro. Me pareció familiar. ¿De dónde conozco a este tipo? El grabador de la memoria retrocedió y hablé con él:
_ Amigo, ¿tú no eres el Primo de la Escuela 2-3? Me acuerdo bien de ti.
Y él, con voz de quien había bebido más de lo que debía:
_ Soy yo sí. En aquella época yo era el fodón y ustedes los babosos. Hoy yo soy el baboso y ustedes los fodones.
Me quedé sin saber qué decir. Tampoco sé si me dio pena, o cuál fue el sentimiento, pero admiré la respuesta por la lucidez.
Siempre supe que él no era mal carácter. A veces era un exhibicionista en el papel de chico malo, lo que le convenía para conquistar a las niñas, siempre atraídas por los chicos malos. A veces, en el papel de miliciano, se hacía el árbitro justiciero. ¿Un rebelde sin causa? Puede ser.
Pasados 30 años (2025), me pareció que era asunto para registro.
(*01) – jerga para “alumno dedicado, estudioso” extranjerismo: “nerd”

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